
El otoño pasado, los trabajadores siderúrgicos de EE. UU. vieron victoria en su lucha por mejores salarios y condiciones. En las últimas semanas, los trabajadores siderúrgicos estadounidenses han enfrentado varios golpes destructivos, lo que ha llevado a la anuncio US Steel anunció que despedirían a unos 200 trabajadores.
La razón de estos despidos es la misma que la de la constante miseria de los trabajadores en Estados Unidos y en todo el mundo: el afán de lucro del capitalista y las disputas entre capitalistas.
Debido a los bajos precios y la disminución de la demanda, los propietarios de US Steel cerrarán dos altos hornos en su fábrica de Great Lakes. Por el momento, la empresa denomina a estas medidas "despidos temporales" que podrían durar seis meses.
Los comentaristas liberales han aprovechado los despidos como pretexto para atacar las políticas proteccionistas, innegablemente obsoletas, de Trump, pero este tipo de retórica ignora tanto la crisis general del capitalismo que perdura más allá de la afiliación política, la de la sobreproducción, como a las víctimas de esa crisis: la clase trabajadora estadounidense.
Se suponía que la industria siderúrgica sería una de las industrias que se beneficiarían de nuevas ganancias con nuevas aranceles sobre las importaciones extranjeras. El 1 de marzo de 2018, el presidente Trump impuso aranceles a la importación de acero extranjero. Inicialmente, esto sí generó un aumento en las ganancias. Pero estas ganancias crearon las condiciones para su posterior y drástica caída.
Como en todas las industrias, la producción no se basa en la necesidad ni en la demanda, sino en la especulación. El aumento de las ganancias se debió a una recompra impulsada por la imposición de aranceles. Esta recompra provocó un alza en el precio de las acciones de US Steel. Como cualquier empresa, para obtener ganancias de este incremento de capital, este debe ponerse en circulación o reinvertirse en el crecimiento y la expansión de la producción. Al hacerlo, la empresa aumenta la producción: la cantidad de materias primas que se venden en el mercado. De esta manera, los capitalistas mantienen la confianza de los inversores al demostrar un crecimiento y una expansión continuos.
El problema radica en que se produce más capital del que puede absorberse de forma rentable en el mercado. Sin embargo, ya se ha producido mucho. Como es habitual en el capitalismo, la oferta precede a la demanda. Esto significa que cuando la demanda disminuye, el capital sale de circulación, quedando capital inactivo en los libros contables (capital que no se vende), lo que provoca una pérdida de confianza de los inversores y, en consecuencia, su retirada de la empresa, haciendo que el precio de sus acciones baje.
¿Y quién paga el precio de esta producción especulativa? ¿Los inversores? ¿Los accionistas? ¿El consejo de administración? No. Son los trabajadores quienes lo pagan.
Cuando la empresa produce en exceso para obtener ganancias a corto plazo y luego los precios caen 73%, los inversores se retiran para salvaguardar su dinero y la empresa despide a los trabajadores. Esta es la norma bajo el capitalismo y lo ha sido desde los primeros días del capitalismo en Europa. Los trabajadores que no hicieron más que cumplir con sus tareas son castigados por la codicia a corto plazo de los dueños. Un trabajo bien hecho le ha costado a casi 200 personas con familias, ambiciones y deudas su sustento en un instante. Al hacer su trabajo, fueron explotado a una tasa de más de 91,2% y ahora han perdido sus empleos por completo. ¿La única razón? Mantener los márgenes de beneficio. Esta no es una condición particular de los aranceles de la Administración Trump ni de ninguna política en particular de unay un estado. Esta es una condición del sistema de mercado, vista en todo el mundo, en cada industria, en cada economía nacional, en la economía global, desde que el capitalismo se convirtió en el sistema dominante.
Este reciente despido masivo en US Steel solo ejemplifica que el sistema capitalista solo puede funcionar a expensas de la clase trabajadora y la necesidad de que esta se libre del parásito capitalista, de producir para sí misma de forma racional, y no del sistema de mercado irracional y caótico que produce mediante la especulación para el beneficio de unos pocos a costa de la explotación y el sustento de muchos.
