La filosofía es una de las ciencias más antiguas. Numerosos sistemas filosóficos han sido desarrollados por las más diversas clases sociales y grupos en diferentes contextos históricos y países. Para orientarnos en esta multitud de sistemas filosóficos, determinar su valor científico y establecer el lugar que cada uno ocupa en la historia del pensamiento filosófico, es necesario, en primer lugar, analizar cómo un sistema filosófico o un filósofo resuelve la cuestión fundamental de la filosofía.
Si observamos atentamente el mundo que nos rodea, veremos que todos los objetos y fenómenos son materiales o ideales, espirituales. Los fenómenos materiales abarcan todo lo que existe objetivamente, es decir, fuera de la conciencia humana e independientemente de ella (objetos y procesos en la Tierra, los innumerables cuerpos del Universo, etc.). Por otro lado, todo lo que existe en la conciencia humana y todo lo que conforma la esfera de su actividad mental (pensamientos, sensaciones, emociones, etc.) se relaciona con la esfera de lo ideal, lo espiritual.
¿Cómo se relacionan lo material y lo espiritual? ¿Es lo espiritual, el ideal engendrado por lo material, o viceversa? La naturaleza de esta conexión, la relación entre la conciencia y el ser, entre lo espiritual y lo material, constituye la cuestión fundamental de la filosofía.
La relación entre la conciencia y el ser es la cuestión fundamental de la filosofía, ya que su respuesta determina la solución de todos los demás problemas filosóficos: la unidad del mundo, la naturaleza de las leyes que rigen su desarrollo, la esencia del conocimiento y las formas de conocer el mundo, etc. Por lo tanto, es imposible crear un sistema filosófico y describir el mundo en su conjunto sin antes resolver la cuestión fundamental de la filosofía.
Esta cuestión presenta dos aspectos. El primero es la solución del problema: ¿qué es primordial, la materia o la conciencia? ¿Fue la materia la fuente de la conciencia, o viceversa? El segundo aspecto responde a la pregunta: ¿es el mundo cognoscible? ¿Puede la razón humana penetrar en los secretos de la naturaleza y determinar las leyes de su desarrollo?.
Al reflexionar sobre el contenido de la cuestión fundamental de la filosofía, es fácil percibir que solo existen dos enfoques diametralmente opuestos: reconocer la materia o la conciencia como lo primordial. Esto explica la existencia de dos corrientes básicas en filosofía —el materialismo y el idealismo— que surgieron hace mucho tiempo.
Los filósofos que consideran la materia como primaria y la conciencia como secundaria y derivada de la materia, son materialistas (del latín materia, que significa materia). Sostienen que la materia es eterna, que nadie la creó y que no existen fuerzas sobrenaturales en el mundo. En cuanto a la conciencia, es producto del desarrollo histórico de la materia, una propiedad de ese cuerpo material excepcionalmente complejo que es el cerebro humano.
Los filósofos que creen que el “espíritu” o la conciencia es primordial son idealistas. Sostienen que la conciencia existía antes que la materia y la creó, y que es el fundamento primordial de todo lo que existe. Los idealistas están divididos sobre la cuestión de qué tipo de conciencia “crea” el mundo. Los llamados idealistas subjetivos afirman que el mundo es “creado” por la conciencia del individuo, el sujeto. Los idealistas objetivos, por otro lado, insisten en que el mundo es “creado” por algún tipo de conciencia objetiva (superindividual). Aunque en diferentes sistemas filosóficos esta conciencia objetiva se llama “absoluta” o “conciencia objetiva”.
idea”, o “voluntad universal”, etc., es fácil discernir que presupone a Dios.
Las opiniones de los filósofos sobre la solución del otro aspecto de la cuestión fundamental de la filosofía también están divididas.
El mundo es cognoscible, afirman los materialistas. El conocimiento que el hombre tiene del mundo es fidedigno; su razón puede penetrar la naturaleza interna de las cosas y comprender su esencia.
Muchos idealistas niegan la posibilidad de conocer el mundo. Se les llama agnósticos (del griego agnostos: desconocido, incognoscible, que no sabe). Otros idealistas, aun creyendo que el mundo es cognoscible, en realidad distorsionan la esencia del conocimiento. Afirman que el ser humano conoce sus propios pensamientos, emociones (idealistas subjetivos) o una "idea" mística, un "espíritu universal" (idealistas objetivos), y no el mundo objetivo, la naturaleza.
