
Órgano Central del Partido Comunista del Ecuador — ML (PCMLE)
Un año después de la invasión rusa de Ucrania, que desencadenó una guerra interimperialista en la que se enfrentan Estados Unidos y sus aliados occidentales de la Unión Europea y la OTAN, por un lado, y el imperialismo ruso, por el otro, no se vislumbra una solución al conflicto. Todos los analistas coinciden en que la guerra se ha prolongado más de lo previsto y sus consecuencias han superado las expectativas.
Dado que Ucrania es el territorio donde se libra la guerra, los trabajadores y la población de ese país son sus principales víctimas. Hay miles de muertos y heridos, cientos de miles de víctimas y más de cinco millones y medio de refugiados en diferentes países, principalmente en Europa.
Pero los trabajadores y los pueblos de otros países también son víctimas de la guerra. Estados Unidos y sus aliados occidentales impusieron una serie de sanciones económicas y prohibiciones comerciales a Rusia que, en poco tiempo, tuvieron efectos negativos en sus propios países, más allá del grave impacto contra aquellos a quienes iban dirigidas. La crisis energética se agudizó, el precio del combustible subió, los índices inflacionarios aumentaron, provocando, de hecho, una disminución de los salarios de los trabajadores; la tasa de crecimiento de la economía disminuyó y se recortaron los presupuestos para financiar el gasto militar. En resumen, los trabajadores están soportando los efectos de la guerra, pero no lo hacen pasivamente. Europa también se ha convertido en escenario de protestas masivas de trabajadores y jóvenes contra la crisis, la reducción de salarios y las políticas gubernamentales de reforma (recorte) de los sistemas de pensiones y salud. Son movilizaciones en las que, al mismo tiempo, se condena la guerra y se exige la paz.
En el primer aniversario de esta guerra, todos los implicados aprovecharon la fecha para reafirmar su espíritu belicista. En ambos bandos surgieron nuevas amenazas: anuncios de miles de millones más en "ayuda" de Occidente a Ucrania; Rusia, por su parte, dio a conocer que suspende su participación en el tratado de control de armas nucleares.
China —aliada de Rusia, aunque intenta ocultarlo en este conflicto— aprovechó la oportunidad para intervenir con un “plan de paz para poner fin al conflicto armado”, que fue rechazado por ambas partes. Era previsible que el plan fracasara, puesto que se trataba de una propuesta basada en la retórica. Putin ha declarado que “no se dan las condiciones para un cese de hostilidades” y que no ha cumplido, al menos oficialmente, lo que prometió al lanzar sus tropas contra Ucrania. Estados Unidos y Zelensky evalúan la situación de forma similar, pero desde otra perspectiva: no pueden poner fin al conflicto con tropas en el poder, lo que les impide cumplir su deseo, anterior a la guerra, de convertir a Ucrania en otro enclave de la OTAN.
Las banderas de la paz no las enarbolan los belicistas, sino los pueblos. Son los trabajadores del mundo quienes condenan esta guerra imperialista, condenando por igual a ambos bandos imperialistas y exigiendo su cese inmediato.
En Marcha # 2038 del 1 al 7 de marzo de 2023
