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¡Nunca más! “Argentina, 1985”: una lección de vigilancia y justicia contra el fascismo.

6 – 9 minutos
Ricardo Darín (izquierda) y Peter Lanzani protagonizan “Argentina, 1985”, donde interpretan a fiscales que intentan llevar ante la justicia a los líderes militares responsables de crímenes de lesa humanidad. (La Unión de los Ríos & Kenya Films & Infinity Hill & Amazon Studios)

La película de 2022, Argentina, 1985, Es un drama histórico argentino basado en el juicio de 1984-85 contra los líderes de la Junta Militar fascista de Argentina, que tomó el poder en 1976 y gobernó hasta 1984, cuando una humillante derrota en la Guerra de las Malvinas y las manifestaciones populares llevaron a la convocatoria de nuevas elecciones en las que resultó elegido el gobierno reformista de Raúl Alfonsín. Sin embargo, a diferencia de otros países que celebraron el fin oficial de sus regímenes fascistas, el pueblo trabajador argentino exigió justicia para las decenas de miles de personas torturadas, ejecutadas y desaparecidas por la junta militar, lo que marcó el inicio de una apasionante batalla legal que perdura hasta nuestros días.

Al comienzo de la película, el Tribunal Militar General tiene jurisdicción sobre el juicio de los generales fascistas y afirma su autoridad a pesar de las demandas populares de apelación ante el Tribunal de Apelaciones. Después de que el tribunal militar presenta esta afirmación ante el Tribunal de Apelaciones, se produce una escena tensa en la que los jueces debaten con incredulidad ante la audacia de los militares de presentarse como imparciales o justos en el caso de la junta. Existe temor entre los jueces de que, si no se presentan pruebas, los fascistas sean exonerados y se venguen de las instituciones civiles que se atrevieron a juzgarlos. Sin embargo, los jueces proceden a aceptar la apelación, y uno de ellos declara: “Démosles lo que no les dieron a sus víctimas: un juicio justo”. Los matones fascistas ahora se enfrentarán a un tribunal civil, y no a uno militar.

El protagonista principal de la película es Julio Strassera, un fiscal jefe con simpatías antifascistas que se vio obligado a denegar las apelaciones de las familias de las víctimas del régimen por temor a la seguridad de su propia familia. Strassera fue designado para el Tribunal de Apelaciones en caso de que este aceptara el juicio contra la junta militar; sin embargo, a pesar de su odio hacia el régimen fascista, alberga serias reservas. Le preocupa que el juicio sea una negociación con los oficiales para mantener la democracia burguesa, o una trampa para desenmascarar a los "rojos" en el gobierno. No cree que los oficiales reciban justicia y teme que los simpatizantes del fascismo ataquen a su familia por haber procesado a sus ídolos sanguinarios. Tras recibir el apoyo de su esposa, Silvia, y sus hijos, Strassera toma la iniciativa en el caso.

El Tribunal designa a un joven e inexperto auxiliar jurídico llamado Luis Moreno Ocampo, quien, casualmente, pertenece a una familia militar que apoyó a la junta y es decididamente aristocrático. Strassera se muestra inmediatamente receloso ante la idea de trabajar con Moreno Ocampo, pero cuando el Fiscal Adjunto explica la necesidad de su nombramiento, argumentando que, con sus antecedentes, desmentirá cualquier pretexto de las clases medias para justificar otro golpe de Estado contra una supuesta conspiración comunista, el equipo de Strassera lo bautiza como el Caballo de Troya. Al comenzar el juicio, todos los oficiales niegan la legitimidad del proceso en una maniobra para ser desestimados, el tribunal de apelaciones reafirma su soberanía y el plan fracasa.

Tras un dramático primer día, marcado por la pomposa pose de los reaccionarios y una inmediata oleada de amenazas al teléfono de Strassera, la Fiscalía reflexiona sobre la mejor manera de conformar su equipo, dado que la mayor parte de la comunidad jurídica de Buenos Aires ha fallecido o se encuentra firmemente alineada con el fascismo. Moreno Ocampo propone recurrir a jóvenes oficinistas y estudiantes de derecho sin experiencia, dada su visión protagónica del juicio y su total disponibilidad. A partir de ahí, se nos presenta la formación de “Los chicos de Strassera” en una escena desenfadada que pone de manifiesto la ingenuidad profesional y la confusión ideológica de los oficinistas y estudiantes que integran la Fiscalía.

Strassera y Moreno Ocampo revelan que su estrategia consiste en reunir todos los registros disponibles de los distintos campos de detención por tortura y desaparición, así como de las víctimas involucradas, con el mayor número posible de testimonios, para demostrar que los “excesos de oficiales aislados” fueron, de hecho, un esfuerzo coordinado de brutal represión a escala nacional. La fiscalía visita estados lejanos de Argentina, oficinas de registro y recopila miles de casos de abuso, trato inhumano y discriminación por parte de la policía militar. Se reúne a numerosos testigos para que presenten sus testimonios sobre la tortura sin sentido y la desaparición arbitraria de familiares. Sin embargo, antes de que comience el juicio propiamente dicho, se recibe una amenaza de bomba en el tribunal y la defensa solicita su aplazamiento para garantizar la seguridad de testigos y acusados. Strassera argumenta que, si se aplaza el juicio, este nunca se celebrará, pues los fascistas sabrán que basta con una amenaza para impedir la sesión judicial. El Tribunal de Apelaciones desestima la amenaza y procede con el juicio.

Mientras continúa el juicio, los testigos de la Fiscalía ofrecen testimonios sumamente emotivos sobre los efectos de la brutal tortura que sufrieron, y el tribunal se muestra visiblemente conmovido. Se produce un momento de humor cuando un oficial de la Marina niega que alguna vez se haya presentado una queja al gobierno por parte de las Naciones Unidas. Strassera afirma que el testigo está cometiendo perjurio, pero sin éxito. Cuando el testigo declara no tener conocimiento de tal queja, Strassera, con rostro impasible, muestra la copia de la prueba para poner a prueba la memoria del oficial, que seguramente está fallando. Más adelante, un coche bomba explota frente al Tribunal de Apelaciones y Strassera descubre una amenaza de muerte en una carta DENTRO de su casa, con un sobre de la Marina y una bala que sujeta la carta.

Tras varios días de declaraciones, se presentan los expedientes ante el tribunal con revisión profesional y el juicio concluye con el alegato final de Strassera (el discurso de la defensa no se muestra en la película, y menos mal, pues no hay defensa del fascismo que merezca la pena escuchar), magistralmente pronunciado por Ricardo Darín, quien finaliza con la famosa declaración: “Deseo renunciar a cualquier pretensión de originalidad al concluir esta moción. Deseo utilizar una frase que no es mía, porque ya pertenece a todo el pueblo argentino. Señorías: ¡Nunca más!”, ante un aplauso increíblemente emotivo del público, los testigos y los hijos de Strassera.

En la escena final de la película, Strassera recibe una llamada de madrugada para informarle sobre la condena de los oficiales. Se indigna de inmediato al saber que varios de los acusados fueron absueltos, pero se anima cuando su hijo le recuerda que los líderes de la junta, Videla y Masserna, fueron condenados a cadena perpetua. El protagonista decide comenzar de inmediato a redactar una apelación para que se vuelva a juzgar a los oficiales absueltos, mientras su esposa Silvia le recuerda: “Julio, es de mañana. ¡Vete a la cama!”. Strassera responde distraídamente: “No, no, tengo trabajo que hacer”.”

El texto que aparece al final de la película subraya la singularidad de este juicio contra los líderes fascistas en Argentina y revela que persisten hasta el día de hoy, ya que más de mil personas han sido condenadas por crímenes cometidos durante la junta fascista.

Argentina, 1985 Es conciso, tiene buen ritmo y es a la vez una muestra emotiva y humana del arte antifascista. No está exento de defectos, pero esencialmente mantiene una perspectiva liberal al elogiar la preservación objetiva de la “democracia” en Argentina desde 1984, ya que el pueblo argentino de hoy sin duda apreciaría una verdadera medida de democracia, dado que millones de sus trabajadores y campesinos caen en deudas aplastantes, inseguridad alimentaria, falta de vivienda y desempleo. Organizado posteriormente en el piquetero En el contexto del movimiento obrero argentino, los trabajadores, libres de la barbarie abierta de la junta militar, luchan hoy por su completa liberación social del capitalismo y el imperialismo. La película tiende a defender los principios de la democracia burguesa, el patriotismo y el estado de derecho, que prevalecen sobre la brutal represión fascista o el caos de la guerrilla. Estas deficiencias no invalidan por sí solas las contribuciones de este filme al detallar la naturaleza atroz del fascismo en Argentina y al aplaudir el heroísmo de los trabajadores argentinos que derrocaron el fascismo y dieron testimonio en el que quizás sea el juicio más importante desde Núremberg, arriesgando su reputación y sus vidas por la memoria y la justicia. Argentina, 1985 debe ser visto por audiencias internacionales para que todos los trabajadores y oprimidos mantengan siempre el mantra de la vigilancia antifascista que es: Nunca más.






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