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Las comunidades rurales rezagadas por el capitalismo deberían mirar hacia el socialismo.

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Esta vista del monte Sterling, Ohio, y las tierras de cultivo circundantes ofrecen la imagen estereotípica de la América rural. (Getty Images)

Partido Estadounidense del Trabajo, División de Colorado –

En Estados Unidos hay una creciente sensación de abandono entre la población trabajadora rural, y si bien algunas regiones pueden expresar esto de manera más directa que otras, es un fenómeno en auge que no puede ni debe ignorarse. Estos problemas han causado una falta de transporte adecuado, infraestructura, vivienda, infraestructura médica y empleo.

Las comunidades rurales luchan con solo 7% del presupuesto nacional, lo que impide que el gobierno encuentre soluciones a los problemas que aquejan a la población. En Estados Unidos, las comunidades rurales luchan contra la explotación provocada por la agroindustria y las empresas extractivas, dado que sus economías están compuestas en gran medida por empleos de extracción de recursos peor pagados. Estos empleos son “traídos” por entidades privadas, generalmente creando un monopolio local en la extracción y permitiendo la maximización de las ganancias, con una tasa de pago mínima.

Estos problemas son endémicos del sistema capitalista de producción en su conjunto. Mientras la principal fuerza motriz de una economía sea maximizar las ganancias y no satisfacer las necesidades humanas, negando así a los trabajadores voz en su trabajo, estos problemas no podrán resolverse. Muchas comunidades rurales en todo Estados Unidos carecen de empleos bien remunerados, mientras que los recursos extraídos de ellas generan millones de dólares para corporaciones propietarias de la tierra. De este modo, a los trabajadores de estas comunidades se les niega el acceso a los recursos que extraen, a las tierras que podrían cultivar, al dinero que obtienen de la venta de los productos que extraen y producen; mientras tanto, las empresas que se benefician de este intercambio desproporcionado les proporcionan yates a sus accionistas.

Los trabajadores siguen resistiéndose a la forma actual de hacer política y economía, aunque un desafío recurrente ha sido la incapacidad de identificar la causa raíz que produce estos síntomas. Las comunidades rurales son más propensos a votar a favor Las empresas explotadoras señalan el gasto social (del que, según afirman, no se benefician) y la supervisión gubernamental restrictiva como los principales problemas de sus economías y la falta de servicios. La solución para corregir estos problemas comienza con un mensaje coherente y una comunicación constante.

La organización socialista en estas comunidades permitiría a los trabajadores obtener beneficios por su labor y evitaría la corrupción propia de los pequeños pueblos, inherente a economías tan concentradas y monopolísticas. Las economías lideradas por los trabajadores dan voz a quienes se esfuerzan por producir el valor que extraen entidades externas. Las comunidades que dependen tanto de la clase trabajadora, a la vez que la marginan sistemáticamente, deberían organizarse en torno a los trabajadores como principales beneficiarios de las actividades económicas.

Estas comunidades se beneficiarían de abandonar el modelo mercantilista impulsado por el lucro y avanzar hacia una economía más orientada a satisfacer las necesidades comunitarias, con mayor acceso a infraestructura, educación y atención médica de mayor calidad, así como a un entorno laboral más justo. Los pueblos y condados rurales deben organizarse para aprovechar al máximo sus recursos y su propia productividad. El movimiento por el socialismo se beneficiaría de tender puentes con estas comunidades marginadas para apoyar la organización sindical, las asambleas de masas y los programas de ayuda comunitaria.






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