
Escrito por Aské para La Flamme, órgano central del Partido Comunista de Benín, 14 de junio | Traducido por Sofia D. para el Fénix Rojo–
Un ataque rebelde perpetrado el viernes 7 de junio en el este de la República Democrática del Congo. ha dejado 41 muertos. Esto genera nuevas víctimas de estas masacres, que ya suman más de 80 este mes. Los ataques son obra de miembros de las Fuerzas Democráticas Aliadas (FDA), según un portavoz del ejército congoleño. Si incluimos a las personas asesinadas desde principios de mes por este grupo, llegamos a al menos 150 víctimas. Esto sin contar las víctimas asesinadas por el otro grupo rebelde, el M23, apoyado por Ruanda, que opera en la misma zona en detrimento de la población.
Cabe mencionar que las ADF son una coalición de grupos armados ugandeses, el más importante de los cuales se oponía al régimen del presidente ugandés Yoweri Museveni. Esta rebelión se replegó en 1995 al este del Congo y se considera la más letal de los cientos de grupos armados que operan allí, causando la muerte de miles de personas entre la población. Nosotros, [el Partido Comunista de Benín], afirmamos que Daesh [ISIS] (un grupo armado islámico) ha designado a las ADF como su rama en África central desde 2019.
Las masacres perpetradas por estos grupos rebeldes suscitan críticas e incluso levantamientos por parte de la población y organizaciones de la sociedad civil. Las protestas y los levantamientos responsabilizan especialmente al gobierno congoleño por su incapacidad en los últimos años para garantizar la protección y la seguridad de la población frente a los rebeldes, quienes no dudan en matar, violar y destruir todo a su paso para sembrar el terror y, de este modo, garantizar el saqueo de los recursos del país.
En publicaciones anteriores, hemos abordado la justa lucha de la población en sus denuncias de esta guerra de saqueo, denuncias que obligaron al gobierno a expulsar a la MONUSCO (Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización del Congo), presente en el país desde 1999 sin haber traído la paz esperada. Al igual que en el Sahel, esta supuesta misión de paz sirve más bien para encubrir las políticas de terror contra la población y el saqueo de los recursos naturales; y la población lo sabe bien.
A pesar de la anunciada y continua retirada de estas fuerzas de ocupación, la guerra de saqueo continúa con masacres de la población, que se niega a aceptarlo pasivamente. Su resistencia es tal que la presión sobre el gobierno y las potencias extranjeras que apoyan a los grupos rebeldes los obliga a delatarse mutuamente. Esto explica los informes de la ONU y el comunicado de prensa del Departamento de Estado de EE. UU. y del gobierno francés, que denuncian la complicidad de Ruanda con ciertos grupos rebeldes, en concreto el M23, pero no imponen sanciones contra Ruanda.
Peor aún, el 19 de enero de 2024, la Comisión Europea firmó un memorando de entendimiento con Kigali (capital de Ruanda) para la explotación de “minerales estratégicos”. El Gobierno congoleño lo denuncia, señalando que no solo existe este acuerdo sobre lo que la UE denomina “materiales estratégicos de primera categoría”, sino también acuerdos de cooperación militar y de seguridad. Esto lleva a la conclusión de que “la UE se está haciendo cómplice del saqueo de nuestros recursos y de la agresión de Ruanda contra nuestro país”.”
Así, esta guerra de rebeldes apenas disimula la mano de potencias extranjeras que pretenden monopolizar a toda costa los inmensos recursos estratégicos de este país, considerado un escándalo geopolítico por atreverse a ser dotado de inmensas reservas de oro, diamantes, cobalto, cobre, petróleo, gas, litio, por no mencionar la madera (el segundo bosque tropical más grande del mundo), tierras cultivables, etc. ¡Esto es inaceptable! ¡Detengan la masacre de la población pacífica!
