

Declaración de la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxistas-Leninistas (ICMLPO) | 18 de julio de 2024–
Los resultados de las elecciones europeas han puesto al descubierto, sin piedad, la crisis del sistema burgués-capitalista y sus contradicciones internas. En muchos países, el número de abstenciones fue muy elevado, a veces superior al de los votos del partido más votado. En Francia, Italia y Dinamarca, la participación electoral se redujo a poco más de la mitad de los votantes elegibles; en Alemania, un tercio no participó en las elecciones. Esto evidencia la falta de apoyo y confianza de los trabajadores y la ciudadanía en los monopolios de la UE, sus gobiernos e instituciones. El proyecto imperialista de la UE, caracterizado por una ofensiva cada vez más reaccionaria, la militarización y la guerra, está generando frustración, inseguridad y protestas entre la población. Se trata, en gran medida, de unas elecciones de protesta contra las arrogantes políticas neoliberales antiobreras, los escándalos y los ataques contra la clase trabajadora, los pequeños agricultores, los empleados públicos, los derechos de las mujeres y la juventud que están llevando a cabo los distintos gobiernos europeos.
Peligrosa tendencia hacia la derecha
Sin embargo, en muchos países, el creciente descontento no se ha traducido en un aumento del voto obrero ni de ciertos sectores de la población a favor de la socialdemocracia. En muchos países, tanto los partidos populistas de derecha como los partidos fascistas, ya sean declarados abiertamente o simplemente encubiertos, han incrementado su número de escaños. Los partidos ultrarreaccionarios y semifascistas son expertos en explotar la frustración de las masas ante un sistema capitalista en crisis. Esta es la especialidad del fascismo. Los votantes han protestado principalmente contra el sistema y los gobiernos vigentes, no a favor de una agenda racista y fascista. Los antiguos partidos burgueses y reformistas se han desplazado hacia posiciones de extrema derecha. Los temas clave de los partidos populistas de derecha, como la fobia a los refugiados, el nacionalismo y la fascismoización de la sociedad, se han integrado en la política tradicional y en la agenda general de la mayoría de los partidos parlamentarios. Se han normalizado en el ámbito parlamentario, donde existe un alto grado de consenso y una sólida alianza de clase burguesa.
En los países del norte de la UE, fueron los partidos populistas de izquierda quienes captaron el descontento con la política neoliberal y belicista de los gobiernos y de la UE. Sin embargo, ni la derecha ni la izquierda lograrán un cambio real en favor de la clase trabajadora y del pueblo, ya que solo alterarían el equilibrio de poder entre los partidos burgueses.
La derecha es la alternativa para la clase dominante.
Resulta más que evidente que en el sistema capitalista-imperialista burgués, sumido en una profunda crisis, no existe fundamento para el reformismo social. El sistema se debate entre sus propias crisis y ya no tiene nada que ofrecer a la clase trabajadora ni a la gran mayoría de la población.
Reacciona a sus crisis recortando empleos, reduciendo salarios reales, disminuyendo las prestaciones sociales y, cada vez más, armándose y entrando en guerra. Todo esto a costa de la clase trabajadora y de la inmensa mayoría de la población. El “progreso” ahora solo existe en palabras. Es evidente que el capital, con sus crisis y guerras, con sus agentes entre la clase trabajadora, no solo no quiere que esta defienda con firmeza sus intereses ni que adopte una política revolucionaria, sino que intenta impedirlo por todos los medios. Aquí es donde entran en juego las pseudoalternativas populistas y fascistas. De ahí el frenesí mediático en torno al tema del asilo y la propagación de posturas de derecha. De ahí los constantes debates divisivos sobre los beneficiarios “vagos” de la ayuda social, la juventud “vaga”, las pensiones caras o las demandas salariales “escandalosas” de los trabajadores, etc. ¡Divide y vencerás! Los partidos populistas y fascistas contribuyen a ello con su agitación contra los refugiados. Y ambas representan la “unidad” de los trabajadores con su propio capital, en contra de los demás. Tales posturas no perjudican al capital dominante, sino que lo benefician.
El presidente de la Deutsche Börse, Theodor Weimer, dejó al descubierto el verdadero equilibrio de poder en esta sociedad. Citó a inversores estadounidenses: “Nos da igual qué anciano sea presidente. Nosotros, como empresarios, dirigimos el país”. Independientemente de si gobierna Biden o Trump, en realidad el capital manda. Lo mismo ocurre en Europa. Tanto si los progresistas como los conservadores y liberales están en el gobierno, con o sin el apoyo de partidos populistas y fascistas, el capital puede convivir con ambos y defender sus intereses.
Pero en muchos países la burguesía se vale del temor de la clase trabajadora y de las fuerzas progresistas a un giro a la derecha para arrogarles el apoyo de sus posturas. En Francia, el presidente Macron disolvió el parlamento y convocó nuevas elecciones. Al hacerlo, también pretende explotar el miedo de Le Pen y del RN, al tiempo que elude su propia responsabilidad y continúa imponiendo una política neoliberal reaccionaria, inspirada en muchos aspectos por posiciones de extrema derecha, contraria a los movimientos obreros y populares.
¿Cuáles son las consecuencias?
Las elecciones no cambian el sistema capitalista imperialista. Al final, el capital casi siempre gana sus propias elecciones, lo que subraya que la UE es un proyecto del capital. Sin embargo, las elecciones son un indicador importante del clima político. Las elecciones al Parlamento Europeo evidenciaron el gran descontento con la política neoliberal y la guerra imperialista. Pero, por otro lado, en algunos países propiciaron el fortalecimiento de las fuerzas de derecha debido a la debilidad de las fuerzas progresistas y del movimiento comunista.
Nuestra respuesta consiste en poner de relieve los verdaderos intereses de los trabajadores y de la ciudadanía:
Pérdida de salarios reales, recortes sociales masivos, inflación, destrucción de empleos, miseria educativa, catástrofe en el sistema de salud, escasez masiva de vivienda asequible, transporte público local y de larga distancia desastroso. La lucha inflexible por defender los intereses económicos y políticos de la clase trabajadora debe ser el eje central de nuestro trabajo, de la manera más concreta posible y junto con nuestros compañeros. En este trabajo, cada vez más personas comprenden que el sistema capitalista-imperialista ya no es capaz de progresar, que no ofrece perspectivas, salvo crisis, pobreza y guerra. Esto también deja claro que debemos luchar por cada milímetro de cambio positivo para la clase trabajadora, que debemos fortalecer nuestros partidos y organizaciones marxistas-leninistas para avanzar en la lucha por abolir este sistema y reemplazarlo por una sociedad socialista.
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