El premio de guerra de Obama

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El Premio Nobel de la Paz siempre ha sido una farsa. Alfred Nobel fue un militar-industrial del siglo XIX que inventó la dinamita como arma. Durante toda su carrera se le conoció como el “Mercader de la Muerte”. El hecho de que utilizara su fortuna para crear un premio, y nada menos que un “Premio Nobel de la Paz”, sería gracioso si no fuera tan repugnante. El premio en sí se creó con la venta de armas diseñadas para matar a más personas con mayor rapidez.

Además de esto, el Premio Nobel siempre ha sido proimperialista. Entre otros, se ha otorgado a imperialistas que realizaron pequeñas buenas acciones para lavarse las manos de sangre, como Henry Kissinger, cuyas políticas contribuyeron a la escalada de la guerra de Vietnam y a la muerte de millones de indochinos, o el Dalai Lama, un antiguo dictador teocrático que poseía personalmente 6.170 siervos de campo y 102 esclavos domésticos.

Ese legado quedó confirmado hace unos días cuando Obama pronunció su discurso de aceptación del premio. Esto resulta bastante apropiado para un Premio Nobel, ya que, al igual que su creador, Obama ha hecho poco por la paz y mucho por la guerra.

El Partido Laborista Estadounidense sostiene que supervisar un golpe de Estado violento en Honduras, la escalada de tropas y asesinatos en masa en Afganistán, los drones bombarderos en Pakistán, la tortura de la CIA, la escalada militar en Irak, los asesinatos en masa en Gaza, amenazar con la guerra a Irán y Corea del Norte y encubrir el Holocausto indígena sin hacer nada por los derechos civiles de la población negra no es digno de nada que se llame premio de la paz.

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