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¿Son necesarios los Frentes Populares?

12 – 19 minutos

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Por Raúl Marcos

Miembro del PCE/ML

La respuesta es un rotundo SÍ. Son necesarias e indispensables dada la situación de opresión y explotación, que se agrava y que el pueblo padece. El proletariado, con su partido a la cabeza, debe encabezar las masas populares para organizar y liderar sus luchas. No es tarea fácil, pero todas las dificultades pueden superarse. Para ello, es necesario trabajar para vincularse ampliamente con las masas avanzadas y ganarse su reconocimiento.

Las contradicciones fundamentales del período en el que vivimos y luchamos están perfectamente definidas: La contradicción entre el proletariado y la burguesía; la contradicción entre el capitalismo y el socialismo; la contradicción entre los pueblos y naciones oprimidos, por un lado, y el imperialismo, por el otro; la contradicción entre las potencias imperialistas y financieras. La última contradicción se manifiesta en las guerras locales, las agresiones contra los pueblos, las disputas por zonas geoestratégicas y la explotación de las neocolonias, así como en la manipulación de los sentimientos democráticos y patrióticos de la población. Es una contradicción que crece rápidamente.

Vivimos en la época que Lenin definió, pero con nuevas características y formas. Actualmente, observamos una tendencia hacia el fascismo, manifestada en acciones organizadas por neonazis en diversos países, lo cual debería preocuparnos. En muchos casos, cuentan con la protección de los gobiernos (como ocurre en Grecia, Hungría, España, etc.). El poder y el aparato estatal, salvo algunas excepciones, están en manos de partidos y gobiernos reaccionarios y antipopulares. Las grandes potencias y sus gobiernos títeres hablan de democracia, de derechos humanos, de paz entre los pueblos… mientras subyugan y explotan brutalmente a los oprimidos, en muchos casos mediante la fuerza de las armas.

Esta es una situación general, no presente en todos los países: con distintos grados, formas e intensidades, se trata de una tendencia generalizada. Los partidos comunistas deben afrontar a diario situaciones de represión, luchas por conquistas sociales y contra leyes que vulneran y suprimen los derechos laborales y sociales logrados tras décadas de lucha.

En su informe al VII Congreso de la Internacional Comunista (1935), y ante una situación similar, Dimitrov hizo hincapié en la importancia de crear frentes populares contra las condiciones derivadas del auge del nazifascismo (Italia, Alemania, Portugal, Japón…). A pesar del tiempo transcurrido y de los acontecimientos ocurridos, el informe sigue siendo muy relevante y puede servir de orientación general para los partidos. Es evidente que las circunstancias actuales no son las mismas que las de la década de 1930. El contexto actual es muy distinto al de aquella época, y basta con recordar la desintegración de la Unión Soviética, la degeneración oportunista de muchos partidos entonces, y que hoy, salvo raras excepciones, los partidos marxista-leninistas son muy débiles y carecen de gran influencia sobre las amplias masas.

La importancia de los escritos de Dimitrov es innegable, pero debemos tener presente que la situación internacional no es la misma, aunque existan problemas de naturaleza similar (que se reflejan en las contradicciones fundamentales), y también es necesario actuar de acuerdo con las circunstancias particulares de cada país y partido. El trabajo de un frente no puede llevarse a cabo de la misma manera en todos los países, ya que debemos considerar el inevitable desarrollo desigual de las fuerzas políticas, así como del Partido y de la sociedad misma. Es innegable que no podemos comparar la situación que vive Ecuador (en todos los aspectos señalados) con la de Alemania, por ejemplo, España, Dinamarca, Turquía, Marruecos, Francia, Venezuela, etc. Existen condiciones diferentes y, por lo tanto, tácticamente habrá diferencias, diferencias secundarias, pero al fin y al cabo, diferencias.

Defender la importancia y la relevancia del discurso de Dimitrov no debe llevarnos a aplicar cada detalle y cada aspecto de su texto. Estudiar, analizar y debatir los escritos de grandes líderes comunistas, entre ellos Dimitrov, no debe convertirlos en un catecismo, en doctrinas infalibles, algo contrario a la dialéctica marxista-leninista.

Cada uno de nuestros partidos debería considerar estas cuestiones. No existen respuestas prefabricadas. Solo el análisis dialéctico, es decir, el del momento, que puede cambiar de un día para otro, sin desvincularnos de la estrategia del mañana, cuyo curso no se puede predecir ni definir, nos permitirá adoptar posiciones y medidas tácticas para afrontar e intentar resolver los problemas.

Lo importante es tener siempre presente la realidad en la que viven, se desarrollan, trabajan y luchan nuestros partidos. Por lo tanto, debemos recordar un hecho decisivo: en casi todos los países, con distintos niveles de desarrollo, la clase obrera es la más revolucionaria y sus miembros más avanzados encabezan las luchas por la justicia. Pero la clase obrera no es la única explotada por el capitalismo. Existen sectores de la pequeña y media burguesía que también sufren opresión. Y aunque su mentalidad no sea la del proletariado consciente, debemos tenerlos en cuenta e intentar acercarnos a ellos. Debemos recordar que si la clase obrera y su partido no intentan unir a las demás clases trabajadoras, incluyendo ciertos sectores patrióticos y democráticos de las clases medias, estos podrían ser manipulados por alguna facción de la burguesía. Sin duda, la clase obrera debe arrebatar, en la lucha ideológica y política, el papel de vanguardia de todos esos sectores explotados y oprimidos y defender sus reivindicaciones.

Esto podría ser la base para forjar alianzas tácticas y momentáneas. Pero no debemos confundir ni contraponer esas táctico alianzas de un momento dado, a la estratégico alianzas. Es decir, no sometemos el establecimiento de alianzas estratégicas a cuestiones del momento, circunstanciales, pero tampoco las sometemos táctico alianzas para el establecimiento de posibles estratégico alianzas, siempre y cuando esto no implique el abandono de cuestiones esenciales. Para ser más claros: debemos estar atentos para no confundir alianzas tácticas, parciales o momentáneas, en muchos casos locales o de una ciudad, región o provincia, incluyendo acuerdos con sectores especiales, pero que no pueden incluir a los sectores generales más avanzados.

El Frente Popular debe responder a las necesidades generales de la lucha, a las cuestiones políticas que se plantean y, sobre todo, movilizar a las masas más avanzadas para incorporarlas a la acción.

La clase obrera, teóricamente el proletariado, debería ser la fuerza principal del Frente Popular. Esto significa que, en la práctica, también debería ser la fuerza líder. Debemos tener presente que la teoría sin práctica no son más que palabras vacías, y que la práctica sin teoría es como dar golpes a ciegas.

Dada la amplia naturaleza política de las fuerzas que integran el Frente, el Partido debe esforzarse por estar a la cabeza, ser el líder (en términos relativos según las circunstancias) para que el proletariado pueda ejercer su influencia como fuerza principal. Ese liderazgo no se logra por la fuerza de voluntad ni por decreto, sino que debe conquistarse mediante la práctica diaria, la claridad de nuestras propuestas políticas y la aplicación respetuosa y fiel de los acuerdos.

Si el partido no cumple con ese papel, a la larga quedará rezagado con respecto a la pequeña burguesía, lo cual sería un grave error. En este sentido, debemos tener presente la “Ley de la unidad y la lucha de los opuestos”.

Esto nos lleva a la cuestión de la independencia ideológica del Partido. Un Frente Popular, basado en acuerdos mínimos (según las circunstancias), no puede asumir todas nuestras propuestas. Pero esto no debe llevarnos a renunciar a nuestras posiciones políticas e ideológicas. En el marco de las tareas del Frente, los comunistas son, y seguirán siendo, muy cuidadosos al cumplir con nuestros acuerdos, incluso si estos no son exactamente lo que hubiéramos preferido.

La política de unidad en cualquier alianza, y también en el Frente Popular, no debe llevarnos a olvidar la lucha de clases. De hecho, las alianzas, los acuerdos o las concesiones tácticas con otras fuerzas políticas deben contribuir a reforzar la fuerza del Partido, y no al revés. Esto no siempre se comprende, de modo que si el Partido, los comunistas, se diluyen como resultado de alguna alianza, esto conllevaría un grave debilitamiento y posiblemente la desaparición del Partido.

Con gran habilidad y tacto, y sin prepotencia ni maniobras extrañas, el Partido debe, como afirmó Lenin, dirigirlo todo. Esto nos obliga a realizar un trabajo claro y sincero con las fuerzas que conforman el Frente, a respetar y cumplir los compromisos y programas acordados, pero sin olvidar:

“…solo el Partido de la clase obrera, es decir, el Partido Comunista, está en condiciones de reunir, educar y dirigir la vanguardia del proletariado y de todas las masas trabajadoras, el único capaz de luchar contra la las inevitables vacilaciones pequeñoburguesas de las masas…” (Lenin, Proyecto de resolución del X Congreso del PCUS. Subrayados nuestros.)

Debemos estar con las masas avanzadas, cada vez más numerosas y fuertes, movilizándonos en el seno del Frente Popular y en todos los frentes creados que incluyan a las masas. Esto requiere vencer la relativa debilidad de los partidos (sin olvidar la inevitabilidad del desarrollo desigual), ya que sin un partido fuerte poco podemos hacer; y también es necesario ser conscientes de que, por muy grande y poderoso que sea un partido, siempre seremos una minoría en la sociedad.

“…Los comunistas son gotas en el océano, gotas en el océano del pueblo”, pero “sin un partido del proletariado no podemos siquiera considerar la derrota del imperialismo, en la conquista de la dictadura del proletariado…” y también el Partido “es la vanguardia de una clase y su deber es guiar a las masas, y no reflejar el estado mental promedio de las masas”, afirmó Lenin con firmeza.

Para los comunistas es prioritario llevar a cabo un trabajo constante y directo con las masas. Pero esto debe estar bien planificado y no debemos hablar de las masas de manera superficial, sin precisión: debemos comunicarnos con las masas más avanzadas y tener en cuenta que existen diversos niveles de comprensión entre ellas respecto a la lucha. Dimitrov dijo que“El sectarismo se manifiesta especialmente en la valoración exagerada de la revolucionarización de las masas…” y citó a Lenin, “…se trata de no considerar que las masas no han superado lo que nosotros ya hemos superado.”

Lenin, al igual que Stalin y Dimitrov, los grandes líderes, se preocupaban constantemente por el trabajo en pro de las masas. Lenin resumió y advirtió:

“No hay nada más legítimo que señalar la necesidad constante y absoluta de profundizar y ampliar nuestra influencia sobre las masas, nuestra rigurosa propaganda y agitación marxista, nuestro enfoque de la lucha económica de la clase obrera, etc. Pero precisamente porque es legítimo señalarlo continuamente, bajo cualquier circunstancia o situación, esas directrices no pueden convertirse en eslóganes especiales, no pueden justificar los intentos de fundamentar en ellas una tendencia particular de la socialdemocracia. Existe un límite, más allá del cual convertir estas directrices en una limitación, indudablemente necesaria, en algo que obstaculiza las tareas y el avance del movimiento, en algo doctrinario que relega al olvido las tareas políticas que son esenciales y de primer orden del momento.”

“Ampliar y aumentar la influencia sobre las masas, tanto después de cada victoria como después de una derrota, en momentos de estancamiento político como en turbulentos períodos revolucionarios, y precisamente por eso, por la indicación de realizar ese trabajo, no debemos convertirlo en un eslogan especial sin el riesgo de caer en la demagogia y el desprecio de la clase avanzada, la única que es verdaderamente revolucionaria.” (Confusión entre política y pedagogía. 1905)

Sobreestimar el papel de las masas es tan peligroso como subestimarlo, ya que ambos errores tergiversan el papel del Partido Comunista. Esto también se aplica al Frente Popular, puesto que su labor se orienta precisamente hacia las masas populares. Una de las condiciones para considerar una alianza como Frente Popular es que incluya, como mínimo, a sectores de las clases explotadas y oprimidas, estén o no organizadas.

Es necesario prestar atención para no confundir, en toda nuestra actividad, al Partido Comunista Leninista, líder del proletariado y de los sectores más avanzados de la clase obrera, con el “partido de masas”, que es amorfo e incluye a revisionistas y derechistas de todo tipo. Existe una línea divisoria que no debe subestimarse. Para los comunistas, lo que definimos como “línea de masas” es implementar fuera del Partido nuestra política y propuestas de manera decisiva y eficaz. No debemos limitarnos solo a nuestros miembros y amigos íntimos.

Es importante comprender claramente las líneas divisorias entre marxistas-leninistas y oportunistas, khrushevitas, maoístas, incluyendo a quienes predican el socialismo del siglo XXI. ¿Significa esto que no debemos tener acuerdos, compromisos ni pactos de unidad con quienes no comparten nuestros principios? ¡Claro que no! Si solo nos uniéramos con quienes comparten nuestras ideas y principios, no estaríamos hablando de alianzas, de frentes populares, etc., sino únicamente de unidad con los comunistas. Y ese es otro problema.

Actualmente, muchos de nuestros partidos adolecen de una organización históricamente débil, que dificulta su capacidad de liderazgo. Esto no se logra mediante decretos; no existen fórmulas mágicas. Se conseguirá, según las circunstancias, mediante nuestro trabajo y dedicación. Se nos proponen alianzas, acuerdos tácticos, etc., con otras fuerzas o grupos políticos. No estamos en posición de imponer nuestra postura. Sin embargo, no debemos rechazar la oferta por ello. Al contrario, debemos participar con lealtad en los debates, presentar nuestras propuestas políticas, debatir y contrastar opiniones, y poco a poco ir ganando terreno político e ideológico.

Una pregunta muy sencilla, pero que no siempre tenemos presente, es que las alianzas de amplios frentes no están destinadas a durar para siempre. Deben concebirse como un proceso en constante evolución; no existen alianzas estáticas; lo que hoy proponemos y aprobamos como justo y válido, puede dejar de serlo en cualquier momento.

El Frente Popular se crea en función de las circunstancias, y nosotros no creamos las circunstancias; nos encontramos en ellas y debemos asumirlas teniendo siempre presente la evolución de estas circunstancias, y como advierte Dimitrov con mucha razón: “…es particularmente peligroso confundir los deseos con las realidades, debemos partir de la realidad, de la situación actual, de forma concreta”.”

El Frente Popular es una tarea importante que debe considerarse en todas las circunstancias en que se desarrolla la lucha política; no es una opción, es una tarea necesaria. Para impulsarlo y avanzar en su realización, el partido revolucionario del proletariado debe elaborar una política revolucionaria correcta que tome en cuenta las condiciones concretas y tenga siempre presentes los objetivos estratégicos. La aplicación de dicha política depende no solo de su corrección, sino también del potencial del Partido, de sus fuerzas. Una política revolucionaria justa y correcta puede quedarse en una propuesta si no existe una firme decisión de llevarla a cabo con los sectores más avanzados de las masas.

La experiencia del MCI nos lleva a considerar seriamente el peligro de las desviaciones que pueden producirse. En general, el oportunismo existente ha sido y es de derecha. Pero no podemos olvidar que también existe un oportunismo de izquierda; ambos son particularmente perjudiciales para el trabajo de un frente amplio. Conviene recordar la advertencia de Marx en su Crítica del Programa de Gotha: “No se permiten negociaciones con los principios.”

El oportunismo de derecha tiende a aparecer con las siguientes expresiones o características: hacer concesiones de principios para conseguir aliados; reducir el nivel de la lucha por miedo al enemigo; quedarse atrás en el nivel de conciencia de las masas en lugar de adelantarse a ellas; exagerar la importancia de las peculiaridades nacionales o regionales sin tener en cuenta los principios generales; y liberalismo en materia de organización, de la cual la más peligrosa es ocultar el partido como si no existiera. Siempre debemos tener presente a Lenin: “Lleguen acuerdos para impulsar los objetivos prácticos del movimiento, pero no traicionen los principios.” (¿Qué se debe hacer?)

El oportunismo de la izquierda tiene las siguientes características principales: el falso criterio del todo o nada; no saber cómo hacer las concesiones necesarias y los compromisos útiles para el desarrollo del trabajo; no saber cómo adaptar el marxismo-leninismo a las condiciones particulares de la realidad en que vivimos, lo que nos permite ser influenciados por las experiencias de otros, lo que lleva a no saber cómo adaptarnos o a cometer errores sobre el nivel y las formas de la lucha y las condiciones objetivas de las masas; en adoptar criterios rígidos en materia de organización.

En su obra La miseria de la filosofía, Marx criticó el oportunismo. Para citar al joven Marx: “ Et propter vitam vivendi perdere causas”, En otras palabras, “Y para [conservar] la vida, perdemos las causas [que son la razón] de vivir”.”

No olvidemos esta vieja lección.






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