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Mariela Castro sobre la lucha contra la homofobia y la transfobia en la organización comunista

4 – 6 minutos
Mariela Castro Espín habla sobre la actividad del Centro Nacional Cubano de Educación Sexual (CENESEX), La Habana, 2013.

En 2013, viajé a Cuba como parte de un programa de estudios en el extranjero sobre la historia del socialismo cubano en el contexto de las reformas económicas que permitieron una libre empresa limitada. Los cambios financieros eran sin duda perceptibles en las calles de La Habana; un enorme mercado privado de arte se ubicaba a la sombra de La Cabaña, la antigua ciudadela española donde Che Guevara presidió los juicios de los criminales de guerra de Batista en 1959. Pero también había otro cambio profundo en La Habana cuando llegamos a mediados de junio, en pleno Mes del Orgullo.

La Habana fue escenario frecuente de desfiles y manifestaciones públicas del orgullo LGBTQ+ durante nuestra estancia allí. Banderas arcoíris ondeaban junto a banderas cubanas y del 26 de julio, y los manifestantes coreaban “¡Respeto! ¡Inclusión! ¡Aceptación!” mientras recorrían La Habana Vieja. Estas marchas fueron las repercusiones de la multitudinaria Marcha del Día Internacional contra la Homofobia que tuvo lugar en mayo de ese año. Estas muestras públicas de orgullo fueron encabezadas por Mariela Castro Espín, hija de Raúl Castro y Vilma Espín, y directora del Centro Nacional Cubano de Educación Sexual. Las reacciones de los espectadores a la marcha reflejaron el pasado conflictivo sobre el que Castro está construyendo. Fidel Castro reconoció abiertamente en su autobiografía Mi vida que Cuba había maltratado a las poblaciones LGBTQ+ durante su revolución y construcción socialista, algo que él calificó de “una gran injusticia”. Sin embargo, como en muchos otros sectores, la lucha de Cuba por los derechos LGBTQ+ se desarrolla de forma dialéctica. El matrimonio entre personas del mismo sexo es ilegal, pero las cirugías de reasignación de sexo están cubiertas por el excelente sistema nacional de salud cubano, una mujer transgénero forma parte de la Asamblea Nacional del Poder Popular y Cuba cuenta con códigos estrictos contra la discriminación por orientación sexual (aunque la identidad de género no se menciona en el código, algo por lo que Mariela Castro sigue luchando).

En este contexto de grandes cambios en las calles y en los pasillos del gobierno cubano, nuestro grupo tuvo el privilegio de reunirse con Mariela Castro en una clínica CENESEX recién construida que brinda servicios de salud sexual al vecindario. Habló brevemente sobre la labor de CENESEX, en particular su patrocinio de las marchas que habíamos presenciado unos días antes. Al final de su intervención, Castro reconoció que nosotros, como estadounidenses, enfrentábamos desafíos que ella desconocía, especialmente la influencia corporativa en el movimiento del orgullo estadounidense. Sugirió, en nuestras circunstancias, brindar “apoyo tangible a nuestras comunidades”*, refiriéndose a los seminarios educativos, los grupos informales de discusión y apoyo, y el apoyo material ofrecido por CENESEX. Varias organizaciones comunistas, incluido el Partido Laborista Estadounidense, han adoptado este enfoque en sus campañas de servicio público desde 2013, y el concepto de apoyo material sigue ganando respaldo entre diversas tendencias.

A continuación, se abrió el turno de preguntas. Varios miembros del grupo preguntaron sobre la historia del machismo cubano y la “gran injusticia” mencionada anteriormente. Castro no eludió la realidad del pasado cubano, calificándola de “terrible y acientífica”. Sin embargo, buscó contextualizar la historia, subrayando que “las revoluciones son eventos populares; no pueden trascender la mentalidad de los revolucionarios”. El Partido Comunista de Cuba, en el pasado, no logró incorporar las narrativas LGTBQ+ en su toma de decisiones, limitando así su capacidad práctica e intelectual para combatir la homofobia y la transfobia. “Eso ha cambiado”, concluyó, destacando que el PCC ahora desempeña un papel central en el trabajo de CENESEX.

En vista de lo que acababa de destacar, le pregunté cómo contrarrestaba la intolerancia anti-LGBTQ+ dentro del Partido Comunista, cómo, en sus propias palabras, había logrado cambiar la mentalidad de los revolucionarios. Su respuesta fue significativa entonces, en un año marcado por varios incidentes de sexismo, apología de la violación, homofobia y transfobia en diversos grupos de izquierda, y sigue siendo relevante hoy en día, dado que estos temas y debates persisten.

“Es un desafío constante”, dijo entre risas, antes de destacar las barreras similares que enfrentó su madre, la icónica revolucionaria cubana Vilma Espín, a principios de la década de 1970 durante la lucha por una ley de igualdad laboral doméstica que finalmente se aprobó. La respuesta, entonces como ahora, para Castro no radicaba en complementar el marxismo, sino en apelar a él. “Desafía a los miembros de tus partidos a que consideren por qué son socialistas. ¿Cuál es el objetivo del socialismo?”. Responder a estas preguntas hacía que la intolerancia contra la comunidad LGBTQ+ fuera una postura insostenible para los marxistas, según Castro, ya que el objetivo del socialismo “es establecer una sociedad en la que todas las personas puedan prosperar, sin importar quiénes sean. Socialismo y prejuicio son contradictorios”.”

Castro combatió la homofobia y la transfobia en Cuba de dos maneras. Primero, su organización se volcó a nivel local para brindar apoyo práctico, legal, social y médico a la comunidad LGBTQ+. Segundo, junto con comunistas afines, impulsó la movilización dentro del Partido Comunista Cubano, cuestionando la coherencia de una sociedad y un sistema de pensamiento marxistas que coexistían con prejuicios arraigados. Al construir un movimiento por la liberación e igualdad LGBTQ+, Castro afirmó que las principales preocupaciones de los comunistas radicaban, en primer lugar, en la comunidad a la que servían y, en segundo lugar, en ellos mismos. El enfoque en ambos casos no se centraba en la conversión ni en la confrontación con los reaccionarios, sino en la construcción de un cuadro revolucionario que sirviera al pueblo, fuera ideológicamente disciplinado y capaz de ganar adeptos y generar confrontación.

Desarrollar y formar cuadros es una tarea ardua pero cada vez más importante en la era del resurgimiento del fascismo, pero los desafíos no superan los de 1959, 1949 o 1917. Seguir el ejemplo de Castro, mediante el establecimiento de campañas de apoyo comunitario y la celebración de debates difíciles dentro de una organización centralista democrática, proporciona una base útil para quienes trabajan en lo que Che Guevara denominó “el corazón de la bestia”. La propia Castro se mostró optimista al finalizar nuestra sesión, despidiéndose con un “sí se puede” no del todo sarcástico antes de dirigirse a otra clínica del CENESEX para otra conferencia.

*Nota: Las citas utilizadas en este artículo son mis traducciones.






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