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Partido Comunista Revolucionario de Bolivia: ¡Abajo el golpe fascista, abajo la doble moral del represivo y violento MAS… ¡Luchemos por una alternativa patriótica, democrática y popular!

5 – 7 minutos

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Traducido por Editores Estrella Roja

La crisis desatada en Bolivia es el resultado del deterioro del modelo del “proceso de cambio” que llegó al poder hace 13 años con el propósito de la profunda transformación de nuestro país. El discurso antineoliberal y antiimperialista y la promesa de recuperar la soberanía nacional hicieron posible la victoria electoral de Evo Morales. Esto ocurrió después de la crisis de 2000-2003, cuyo punto álgido fue la fatal represión del gobierno de Goni-Mesa (Octubre Negro). Al asumir la presidencia en 2006, el gobierno del MAS [Movimiento al Socialismo – partido de Morales] se encontró con la oposición oligárquica atrincherada en la Media Luna [zona en el este de Bolivia que es la sede de la oposición de derecha – nota del traductor] que llevó al país al borde de un golpe de Estado cívico-regional entre 2008 y 2009.

Este conflicto se calmó después de una serie de pactos entre el gobierno del MAS y la oligarquía financiera y terrateniente en el marco de la nueva Constitución del Estado Político, que permitió una coexistencia relativamente pacífica de la oligarquía con el MAS durante casi una década. Leyes favorables (Ley de Servicios Financieros, Ley de Seguros, Ley de Inversiones, Ley de Etanol, Decretos para el desbroce y la quema “controlada” [de área de selva – nota del traductor]) y los lucrativos contratos estatales eran característicos del trabajo conjunto entre la oligarquía tradicional y el gobierno del MAS.

El descontento se ha acumulado entre los sectores populares y la clase media urbana debido a la escalada de las políticas del MAS, que han ido de la mano con un alto grado de represión de los movimientos de protesta: el TIPNIS (Parque Nacional Seguro y Territorio Indígena Isiboro), las personas con discapacidad, los docentes, los estudiantes universitarios, los cultivadores de coca de ADEPCOCA, los niños trabajadores, Tariquía, Potosí, Achacachi y muchos otros sectores fueron víctimas del gobierno y sus políticas mineras y de desarrollo alineadas con el bloque imperialista chino-ruso. A esto se suma la conglomeración de grupos fundamentalmente de clase media movilizados en torno al rechazo de los resultados del referéndum del 21 de febrero de 2016, que inhabilitó a Morales para ser candidato. Este descontento ha dado lugar a una serie de agrupaciones y protestas masivas, cuyo punto álgido y de unidad fue la “defensa del voto”, el rechazo del fraude electoral del 20 de octubre y la exigencia de nuevas elecciones. En medio de estas protestas, los líderes cívicos oligárquicos (principalmente de Santa Cruz) se han adueñado de las manifestaciones, coreando consignas de fanatismo religioso y tintes fascistas. El principal representante de este grupo es Fernando Camacho, del Grupo Vida Nacional (cuyo padre fue aliado político de Banzer durante su dictadura).

Lideradas por el MAS, las organizaciones sociales organizaron protestas en “defensa del voto” que supuestamente habría dado la victoria a Morales en la primera vuelta; estas movilizaciones terminaron en violentos enfrentamientos entre los dos bandos movilizados. Muchas de las organizaciones cooptadas por el MAS mediante privilegios, incluida la propia Confederación Obrera Boliviana (COB), le dieron la espalda a Evo durante la tarde. El ’proceso de cambio“, en lugar de fortalecer la conciencia de clase y promover la organización combativa, ha servido para premiar y desorganizar a las clases trabajadoras, que hoy carecen de representación en el conflicto nacional. Se han registrado al menos tres muertos y más de 150 heridos en los 19 días de huelga, y el país experimenta una escalada de violencia y enfrentamientos, con persecución política, incendios y saqueos de sedes y viviendas sindicales, denigración, racismo, discriminación, abuso sexual, humillación y odio.

El viernes, la Policía boliviana inició un motín en varios departamentos del país, sumándose a las demandas de la oposición; el domingo, el Comandante de las Fuerzas Armadas solicitó la renuncia del Presidente. El aparato represivo se ha puesto al servicio del mejor postor; su postura no representa el apoyo al "pueblo y la democracia", como proclaman demagógicamente, sino los acuerdos alcanzados con la oligarquía financiera más corrupta y servil al imperialismo estadounidense.

El informe de la OEA, presentado en la mañana del domingo, revela irregularidades en los resultados electorales, los servidores y los sistemas informáticos utilizados por el Tribunal Supremo Electoral; recomendó convocar nuevas elecciones con un nuevo Tribunal. Horas después, Morales convocó una rueda de prensa para anunciar nuevas elecciones y un nuevo Tribunal. En medio de una escalada de confrontación y violencia, tras 13 años de gobierno, en la tarde del 10 de noviembre de 2019, Evo Morales Ayma y Álvaro García Linera renunciaron a la Presidencia y la Vicepresidencia del Estado, respectivamente. Los presidentes de ambas cámaras de la Asamblea Legislativa Plurinacional y otras autoridades estatales también dimitieron. La derrota del gobierno del MAS, tras 13 años en el poder, en medio de protestas masivas, demuestra que ningún gobierno es invencible y debe servir de lección al pueblo boliviano. Sin embargo, quienes impulsaron las protestas fueron la alianza cívico-militar junto con los partidos de derecha.

Altos representantes cívicos ingresaron al Palacio Quemado [residencia del Presidente] para envolverse en la bandera tricolor y esconderse tras la Biblia, señalando el inicio del fanatismo religioso auspiciado por el Estado, y arriaron la Wiphala (símbolo nacional reconocido por la Constitución Política del Estado, que representa las luchas indígenas del país) en el podio de la Asamblea Legislativa Plurinacional. Estos dos actos evidencian la mentalidad de quienes hoy lideran el movimiento “cívico-militar” para “recuperar la democracia” a expensas del pueblo movilizado.

En este momento, el pueblo boliviano vive una guerra psicológica a través de WhatsApp y las redes sociales, que difunden noticias falsas sin cesar. Bandas armadas atacan barrios populares y zonas comerciales, incendian casas de políticos y líderes, realizan ataques callejeros, utilizan dinamita, queman autobuses públicos y cortan el suministro de agua y electricidad. Esto genera un estado de caos ante la ausencia de un gobierno formalmente constituido. Esta situación abre la puerta al auge de tendencias fascistas, representantes directas de la oligarquía que busca recuperar el control directo del aparato estatal.

Para la izquierda, hoy más que nunca es necesario reflexionar sobre nuestros errores y aciertos de los últimos 13 años, sobre la urgente necesidad de construir una verdadera alternativa patriótica y popular. Desde el PCR hacemos un llamado a la unidad de las clases trabajadoras, campesinas, estudiantes, jóvenes, profesionales, pueblos indígenas, mujeres, la comunidad LGBT y todos los bolivianos que aspiran a un futuro más justo, para luchar de manera independiente y consolidar una alternativa patriótica y popular a esta crisis que atraviesa el país, para que los civiles fascistas y los militares no se aprovechen de las movilizaciones con sus intentos de golpe de Estado, y para una verdadera profundización de la democracia en el país.

La Paz, 10 de noviembre de 2019

Secretaría del Comité Central del Partido Comunista Revolucionario






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