Del último número de Unidad y lucha, la revista de la ICMLPO
La sociedad moderna, es decir, la sociedad capitalista en su etapa imperialista, se desarrolla de maneras que confirman que, en general, el método de análisis e interpretación marxista-leninista ha sido correcto tanto en teoría como en la práctica. Históricamente, en general y no solo en casos particulares, las ideas revolucionarias han llegado a todos los estratos de la sociedad.
Por un lado, incluso aquellos que atacan o rechazan el marxismo tienen que leer y analizar nuestros clásicos. Esto llega al punto de que, durante las crisis, Capital Se ha convertido en el libro más leído, y ninguna facultad de economía ni escuela de pensamiento económico, político y social puede evitar analizar, distorsionar o intentar refutar los postulados del marxismo.
Por otro lado, la clase obrera y su vanguardia adoptan los postulados marxistas como propios y los difunden entre las masas. El marxismo es una ciencia y una ideología, pues, por un lado, explica racionalmente los diversos fenómenos con teorías y prácticas concretas, y estudia la realidad presentando una acumulación de hechos históricos verificables que la sustentan. Pero, además, cuando es asimilado por las masas, se convierte en una poderosa herramienta de lucha para el proletariado, proporcionándole un ariete que desarrolla su instinto de clase, lo impulsa hacia la conquista del futuro y lo arma con la certeza de que sus acciones son correctas, con respuestas acertadas a muchas de sus preguntas.
En efecto, el método marxista, gracias a sus sólidos fundamentos, a pesar de lo que algunos digan, permite definir el rumbo de la sociedad e identificar los posibles escenarios, con conclusiones corroboradas por los hechos. Los procesos sociales son, por supuesto, largos, no siempre inmediatos y a menudo deben medirse en décadas, ni su evolución es perfectamente lineal.
Cabe destacar que la transición de un modo de producción a otro, en la evolución hacia el capitalismo, se produjo inicialmente de forma totalmente desconocida, sin una idea clara de hacia dónde se dirigía la sociedad. Se inspiró únicamente en vagos sueños de un paraíso o en las ideas de algún reformador, caudillo o mártir. Las contribuciones del marxismo cambiaron esta situación al proporcionar una manera clara y completa de evaluar la evolución de la sociedad, visualizar la transición de un modo de producción a otro e incluso identificar sus leyes fundamentales y las personas necesarias para llevar a cabo transformaciones tan importantes.
La lucha por la construcción de la nueva sociedad ya no se concibe únicamente como basada en los impulsos espontáneos de los oprimidos, ni se explica mediante la metafísica o el misticismo, sino sobre fundamentos teóricos, sobre formas adecuadas de organización y lucha, sobre experiencias exitosas, capaces de guiar a los pueblos a través de las diversas etapas necesarias hasta que la humanidad alcance una sociedad sin clases. Sin duda, habrá avances y retrocesos en el proceso histórico. Será necesario descubrir y aplicar las leyes del movimiento social en acciones concretas que sustenten, en teoría y en la práctica, las tareas revolucionarias necesarias.
En la etapa actual de la lucha revolucionaria, el proletariado necesita recuperar fuerzas y romper el asedio al que ha sido sometido tras la traición del revisionismo. Esto constituye un requisito para preparar la ofensiva. Por lo tanto, es fundamental desarrollar la lucha contra el imperialismo, y también contra las desviaciones de izquierda y derecha, lograr la unidad de criterios, corregir las debilidades y consolidar una táctica común aplicando los principios de la crítica y la autocrítica. Esto exige el rechazo de lo que Raúl denomina “pereza ideológica”.”[1]. Para esta tarea, el camarada Marco nos ha dejado un legado invaluable que debemos aprovechar, no solo con sus diversas contribuciones a lo largo del tiempo, sino especialmente con sus dos últimas obras, “Ráfagas y retazos de la historia del PCE (ML) y el FRAP” [“Pieces and Fragments of the History of the PCE (ML) and the FRAP”], de 2018.[2] y “El ayer ayuda a situar el hoy” [“Yesterday Helps to Understand Today”, de 2019]. Estas obras presentan una visión de las experiencias de los marxistas-leninistas, especialmente de estos últimos, en el desarrollo de la ICMLPO hasta lo que es hoy. Nos brindan bases para realizar una evaluación importante y, ¿por qué no?, para hacer un análisis que nos permita esbozar cómo mejorar nuestro trabajo.
Con su trabajo, Raúl cumplió una tarea muy importante que se destacó con insistencia. Por ello, consciente de su papel, dedicó sus últimos años, su gran habilidad, experiencia y disciplina para dejarnos observaciones muy pertinentes que pueden ayudarnos enormemente a optimizar las acciones de cada parte y, especialmente, de la ICMLPO.
Estas contribuciones, así como otras experiencias vividas, leídas y escuchadas, nos permiten comprender la necesidad de aprender y mejorar nuestra práctica, de asimilar la esencia del marxismo-leninismo y las experiencias del movimiento revolucionario en general. En muchos casos, el movimiento ha debatido algunos de los temas que nos preocupan hoy, evidentemente en otras circunstancias y condiciones.
Mientras libramos esta necesaria y permanente lucha ideológica, debemos avanzar con algunas premisas que puedan sustentar la acción inmediata y agilizar todos los procesos. Inspirándose en un revolucionario francés, Lenin dijo que necesitamos, entre otras cosas, “audacia, audacia y más audacia”.”
El hecho de que las contradicciones se agudicen es innegable desde cualquier punto de vista. Por lo tanto, debemos acelerar el ritmo de nuestra marcha y mejorar nuestra organización tanto internamente como con las amplias masas populares. Guiados por los principios de la Internacional Comunista y de nuestros clásicos, creemos importante apoyar a las fuerzas que luchan contra el imperialismo y por la liberación nacional, confirmando las tesis sobre las cuestiones nacionales y coloniales, así como las orientaciones de Dimitrov sobre la política del Frente Unido.
En esta lucha, es fundamental desenmascarar las ideas trotskistas que aíslan al proletariado, separándolo de las masas y, por ende, de las luchas de carácter burgués-democrático, nacional-revolucionario y de liberación nacional en los países dependientes. Las teorías trotskistas impiden que la clase obrera se convierta en la vanguardia y líder de toda la sociedad, incluyendo a otros estratos no proletarios, y la convierten en una secta aislada. Por otro lado, la teoría de los tres mundos, entre otras perlas de sabiduría antimarxistas, plantea la necesidad de subordinarse a una facción imperialista para poder enfrentarse a otra; esta es otra desviación que debemos combatir.
Algunas de estas ideas conducen al aislamiento y contribuyen a la derrota del movimiento popular revolucionario. Según ellas, ningún acuerdo es posible, y la única solución es la táctica del entrismo, una desviación trotskista que lleva al boicot y destruye las posibilidades de construir un Frente Popular. La línea oportunista de la teoría maoísta de los tres mundos, en primer lugar, toma como base las maniobras y apuestas con una fuerza imperialista y, en segundo lugar, la fuerza del propio proletariado. Para los marxistas consecuentes, el proletariado debe ser siempre el actor central de la acción revolucionaria. Esta política oportunista también ataca la unidad del proletariado y del Frente Popular al abrir las puertas del partido a la burguesía.
Estas situaciones se desarrollan mientras se aceleran todas las contradicciones, vinculadas a la crisis general del capitalismo, a la nueva crisis cíclica y a los efectos de la pandemia de Covid-19. Son grandes desafíos, aún mayores para los revolucionarios y, especialmente, para nosotros, los marxistas-leninistas. Debemos luchar tanto en la práctica como en la teoría, primero, contra los imperialistas, denunciándolos como el enemigo común de toda la humanidad; contra los socialdemócratas, que actúan con vacilación y terminan aliándose con el capital; y contra los fascistas, que intentan alzar la cabeza en medio de la desesperación. Debemos denunciar también el revisionismo y las tendencias trotskistas que confunden y encadenan al movimiento proletario. Debemos denunciar el revisionismo y el reformismo, aliados de todas las demás tendencias. Al mismo tiempo, debemos integrarnos en la poderosa corriente popular, que, al principio, no lideramos nosotros, pero debemos ganar a las masas para que apoyen nuestras posiciones. Este es el camino para seguir avanzando, adquiriendo experiencia, organización y número.
La única manera de llevar a cabo una tarea tan compleja es aplicando las tácticas adecuadas, y los clásicos nos dicen que esto se logra dando respuestas concretas a las condiciones concretas. Stalin lo define con gran claridad: “La táctica consiste en determinar la línea de conducta del proletariado en el período relativamente corto del flujo o reflujo del movimiento, del auge o declive de la revolución, la lucha por llevar a cabo esa línea mediante la sustitución de las viejas formas de lucha y organización por otras nuevas, de las viejas consignas por otras nuevas, mediante la combinación de estas formas, etc.“[3]
Elementos de la situación actual en Venezuela
Ante los elementos que caracterizan la situación actual, nuestro partido considera necesario ajustar nuestras tácticas y optimizar el uso de los recursos para superar el fuerte impacto producido por la confluencia de elementos externos a la población y las fuerzas militantes, y así prepararnos para afrontar los retos del futuro inmediato.
En Venezuela, el pueblo avanza claramente en su proceso de resistencia y lucha contra la agresión imperialista. Este proceso ha impactado profundamente las formas de vida, las ideas y la manera de afrontar la lucha. Ha llegado a provocar debates en las organizaciones, muchas de las cuales han desaparecido o cambiado de postura. También ha tenido repercusiones en el movimiento revolucionario a nivel internacional, con debates sobre las tácticas marxista-leninistas adecuadas a adoptar, y especialmente sobre la política de apoyo crítico con demandas al proceso bolivariano que estamos aplicando. Otras organizaciones, sobre todo las revisionistas, se oponen a él e incluso, en medio de su confusión, recurren a ataques armados contra el gobierno, que se encuentra bloqueado, amenazado y atacado por el bloque imperialista de Estados Unidos-Unión Europea y sus aliados.
Por lo tanto, resulta ineludible abordar el problema ideológico, como por ejemplo, clarificar las tácticas nacionales e internacionales que deben aplicarse en la situación actual. Esta tarea es fundamental y determinante en la lucha política actual.
Conviene citar de nuevo a Stalin sobre esta cuestión. Cuando se le pregunta si es posible convertir a los países dependientes y colonias, de ser una reserva de la burguesía imperialista a ser una reserva del proletariado revolucionario, en su aliado, Stalin nos dice: “El leninismo responde afirmativamente a esta pregunta, es decir, reconoce la existencia de capacidades revolucionarias en el movimiento de liberación nacional de los países oprimidos, y la posibilidad de utilizarlas para derrocar al enemigo común, para derrocar al imperialismo”..“[4]
Respecto a estas situaciones y, en especial, a los enfrentamientos armados ocurridos en los últimos días en la frontera con Colombia, el Buró Político de nuestro partido ha emitido un comunicado sobre la situación en la región del estado Apure: mantenemos la evaluación que hemos realizado durante varios años sobre los posibles escenarios de desarrollo político en Venezuela.
En este comunicado, analizamos el ataque perpetrado por bandas de delincuentes armados contra el mando de la Guardia Nacional en Caracas, y los enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas Bolivarianas de Venezuela (FANB) y grupos que se presume pertenecen a una de las facciones en las que se desintegró la FARC-EP. Cabe mencionar que estas facciones mantienen confrontaciones y diferencias entre sí en numerosos temas, especialmente en materia de armamento.
Resulta evidente que estos enfrentamientos armados, independientemente de sus causas y de los motivos de sus líderes, serán de gran utilidad para la campaña de agresión que el bloque imperialista estadounidense-europeo y sus lacayos pretenden llevar a cabo, especialmente para justificar una acción de mayor violencia.
Nos preguntamos cuál es el origen de clase, las tácticas y los objetivos de las fuerzas en conflicto. Esto nos lleva a tener serias dudas respecto a su actuación en la zona de Apure. Cabría esperar que la frontera sirviera de retaguardia y refugio para una fuerza que combate en territorio colombiano. Por lo tanto, sería normal evitar cualquier confrontación en Venezuela, y más aún, no reclamar parte de su territorio, en una lucha de posiciones que incluye la voladura de edificios con explosivos.
En nuestra declaración, concluimos que “podríamos hacer muchas conjeturas, pero lo cierto es que esta es la primera etapa de una intervención armada, que cobra fuerza debido al reconocimiento por parte de las instituciones estadounidenses de que el bloqueo y las sanciones contra Venezuela, si bien han afectado directamente a la mayoría de la población, no han logrado el objetivo esperado de derrocar al presidente Maduro. Por el contrario, han unificado al pueblo en el desarrollo de mecanismos de resistencia y lucha, y en la toma de conciencia de quién es su enemigo. Esto ha llevado a algunos senadores estadounidenses y a Luis Almagro (secretario general de la OEA) a concluir que Guaidó necesita ayuda directa porque “no puede hacerlo solo”. Esto explicaría las acciones actuales y nos llevaría a suponer que estamos al borde de otra intervención violenta, que se desarrollará mediante la combinación de acciones bélicas y no bélicas”.”[5]
Tras evaluar la información obtenida de la región y las declaraciones de las partes, proponemos la siguiente valoración: “Ante esta situación de gran peligro y complejidad, hacemos un llamamiento a los revolucionarios del mundo, a los demócratas y a los antiimperialistas para que apoyen los esfuerzos del pueblo venezolano que resiste y lucha contra la agresión imperialista, mediante prácticas y contribuciones que respalden una política internacional basada en los principios del marxismo-leninismo, en las decisiones de los congresos de la Internacional Comunista y en la política correcta de apoyo a los procesos de liberación nacional y antiimperialismo en los países dependientes, exigiendo el rechazo de toda guerra fratricida y apuntando los cañones contra el imperialismo y la burguesía, siempre en defensa de los intereses de los explotados y oprimidos de ambos países.“
Cualquier opción militar solo activaría los mecanismos de guerra, cuyos preparativos ya están en marcha, que gradualmente intentan desarrollarlos hasta que resulten en una confrontación directa en amplias zonas del territorio nacional, si quienes los enfrentan no pueden contenerlos.
Muchos teóricos se proponen explicar las características particulares de la guerra moderna y describir su “nueva generación”. Sin embargo, las guerras nunca han comenzado sin preparativos ni acciones de debilitamiento, quizás sin la tecnología y los medios de los que disponemos hoy. Pero recurrir a amenazas, propaganda, infiltración, destrucción de los medios de comunicación del enemigo y bloqueos no es nada nuevo ni sorprendente. En el pasado, el presente y el futuro, estas medidas forman parte de los preparativos para la acción bélica. Ocurrió en las últimas guerras de agresión en Siria, Libia e Irak, y antes, contra Vietnam y Corea, contra la China revolucionaria y también contra la URSS.
La guerra aún no ha comenzado oficialmente, pero nos encontramos en la fase de preparativos, de posicionamiento de las fuerzas contendientes y de debilitamiento por parte de las fuerzas agresoras, tanto nacionales como internacionales. Es evidente que las fuerzas atacadas también se están preparando. La frontera entre Venezuela y Colombia se ha convertido en un punto estratégico, o quizás en un señuelo.
La guerra psicológica, electrónica, informática y económica, cada una con su objetivo, no constituye una guerra total, sino partes de ella. Particularmente hoy en Venezuela, forman parte de los preparativos para la guerra abierta.
La ofensiva militar que prepara el bloque Estados Unidos-Unión Europea busca consolidar su control. Sin embargo, en el caso de Venezuela, el bloque se ha topado con un pueblo dispuesto a resistir y luchar, que lleva años haciéndolo y que cuenta con aliados como el movimiento popular, revolucionario y antiimperialista, así como los verdaderos marxistas-leninistas del mundo.
Para el liderazgo monopolista estadounidense, esto solo puede terminar con el posicionamiento del bloque imperialista EE. UU.-UE como la única fuerza dominante en toda América, tras haber desplazado al bloque chino-ruso y a las diversas tendencias nacionales de los espacios que han conquistado. El objetivo del Estado imperialista estadounidense es idéntico, independientemente de la tendencia burguesa que esté en el poder, ya sea Trump o Biden, republicanos o demócratas. Se trata de recuperar el control absoluto de la región, basado en la tesis del Destino Manifiesto, la Doctrina Monroe y el uso de la fuerza bruta. Esto conduce directamente a una tendencia hacia la fascismo para eliminar toda resistencia de la clase trabajadora y la izquierda, dentro y fuera del país, e incluso aplastar a otras facciones burguesas que cuestionen sus políticas.
Hasta ahora, el bloque chino-ruso ha demostrado su voluntad de defender sus inversiones y el posicionamiento estratégico alcanzado en América, pero sin entregarse por completo a este fin, utilizando un método distinto. Las tendencias antiyanquis de carácter popular y de izquierda han mantenido viva la determinación de los pueblos de resistir y luchar, lo que constituye un ingrediente fundamental que permite que las contradicciones básicas den paso a la lucha revolucionaria, siempre que la dirección marxista-leninista sea capaz de comprender el fenómeno para avanzar, identificando al enemigo en cada etapa, así como las fuerzas auxiliares y de reserva que pueden movilizar.
A mediano o largo plazo, pasaremos de la etapa de amenazas cada vez más violentas a la confrontación directa. Las acciones del gobierno y de otros actores pueden acelerarla o retrasarla, pero inevitablemente los intereses de los grupos monopolistas imperialistas intentarán controlar los inmensos recursos naturales de la región para superar la actual crisis económica que los afecta. No permitirán impunemente que su adversario utilice estos recursos sin oponer resistencia. Por ello, el bloque Estados Unidos-Unión Europea ha intentado retomar el control de algunos gobiernos mediante la agresión legalizada, golpes de Estado militares o palaciegos, o violencia paramilitar. Sin embargo, el bloque se topó con una oposición, en mayor o menor medida, de los pueblos, y con una resistencia “inusual y extraordinaria” del pueblo venezolano y del gobierno bolivariano. Esto los ha llevado a proferir amenazas, robos y un bloqueo, en preparación de lo que se denomina “política por otros medios”, es decir, guerra abierta: guerra entre potencias, guerra de resistencia de un pueblo que enfrenta una agresión, guerra civil, guerra irregular o guerra de baja intensidad que se prolonga en el tiempo entre escaramuzas y ataques.
El bloque imperialista estadounidense-europeo necesita su llamado “patio trasero” como fuente de materias primas, mano de obra barata y mercado. Asimismo, requiere industrias nacionales en su propio territorio para poder lanzar una ofensiva y tratar de recuperar el espacio de dominación mundial, en el que se ve acosado económicamente por China, militarmente por Rusia y política e ideológicamente por las tendencias antiestadounidenses en América Latina y el Caribe, que son fuertes y diversas y cuentan con una larga y heroica historia de lucha.
En este contexto, la lucha de clases es a veces encubierta y otras abierta. En cualquier caso, el proyecto de las masas populares, representado en el programa del proletariado, le confiere un perfil revolucionario estratégico, alentando a la mayoría a luchar contra el programa de los explotadores, principalmente de la burguesía, que limita sus derechos y tiende al fascismo. Cientos de variantes y discursos transitan entre estos extremos, con velos y matices que enarbolan las banderas de la democracia, la justicia social y la igualdad, intentando ocultar la respuesta: ¿Democracia, justicia, igualdad, para quién? ¿Libertad, igualdad y solidaridad para los opresores y, en particular, para los dueños del capital, a cambio de esclavitud, marginación y abandono del proletariado? Este es un debate abierto en todos nuestros países y por eso la posición común y la unidad de acción se hacen efectivas y abren inmensas oportunidades para el desarrollo.
La región latinoamericana ha sufrido agresiones por parte de las sucesivas administraciones de Estados Unidos en diversas formas y periodos. En la actualidad, estas se manifiestan en la lucha por recuperar el control, principalmente en la confrontación con Venezuela, que ha alcanzado tal nivel que inevitablemente se extiende a otros países con declaraciones a favor o en contra, incluso por parte de gobiernos y la vanguardia, en todos los continentes, ante lo cual la neutralidad es imposible. Por el contrario, es momento de unificar fuerzas y afrontar el principal peligro que reconocen los pueblos de la región.
Las manifestaciones de la lucha entre la burguesía y el proletariado, entre los imperialistas y las fuerzas de resistencia en un país dependiente, nos llevan a adoptar posiciones similares a las de quienes están dispuestos a luchar contra el enemigo común. Al mismo tiempo, mantenemos nuestra postura de denuncia y acción contra el principal peligro y sus aliados. Combatimos, en primer lugar, contra el imperialismo, la burguesía y todos los explotadores. Entendemos las prioridades de cada escenario dentro del marco de un plan que busca estratégicamente tomar el poder político y tácticamente acumular fuerzas, mediante una política de apoyo crítico acompañada de demandas. Repetimos lo que dijo Stalin: “Debe apoyarse a aquellos movimientos nacionales que tiendan a debilitar y derrocar al imperialismo, y no a fortalecerlo y preservarlo”.”[6]
“El socialismo solo se construye con la alianza obrero-campesina en el poder y el pueblo en armas”.
Buró Político del PCMLV
Venezuela, marzo de 2021.
[1] Raúl Marco: “El ayer ayuda a situar el hoy”, Editores Aurora, 17, 2019, p. 11.
[2] Raúl Marco: Ráfagas y retazos de la historia del PCE (ML) y el FRAP”, Aurora Editores, 2018.
[3] Stalin, J. “Los fundamentos del leninismo”, en Problemas del leninismo, FLPH Pekín, 1976, pág. 82.
[4] Ibíd., pág. 70.
[5] Acero Revolucionario, Edición Especial, marzo de 2021.
[6] Ibíd., pág. 71.

