
Este artículo se publicó originalmente en En Marcha #2009, Órgano Central del Partido Comunista Marxista-Leninista de Ecuador
Los días 29 y 30 de junio tuvo lugar en España la 32ª Cumbre de la OTAN, una reunión que congregó a 30 países aliados de Asia-Pacífico, al Presidente del Consejo Europeo, Charles Michel; y a la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, además de los ministros de Jordania, Mauritania y Bosnia y Herzegovina.
La OTAN, en sus resoluciones, incrementó su presencia militar en toda Europa. Todas las discusiones, en última instancia, se centraron en lograr que el acuerdo del Atlántico Norte se orientara a establecer un mercado mundial de armas, partiendo del principio de que las guerras implican una mayor acumulación de beneficios para las empresas y corporaciones dedicadas a la fabricación y exportación de armamento, con el añadido de que el actual conflicto entre Rusia y Ucrania busca deliberadamente reemplazar a uno de los actores en su papel como segunda mayor potencia exportadora de armas a nivel mundial.
La Cumbre condenó la invasión de Ucrania de forma interesada, dado que la OTAN es una parte beligerante en la guerra. Por lo tanto, esta condena no es neutral, ya que busca profundizar la disputa con miras a expandir su influencia y dominio en la región en disputa. En este escenario, y sin mucha sorpresa, se preparan para forjar una supuesta unidad en un intento por frenar la capacidad destructiva de la Rusia de Putin. Tras abogar hipócritamente por la paz en Europa, no han podido ocultar su verdadero interés armamentístico al afirmar que la seguridad energética y alimentaria mundial está amenazada. Detrás de esto se encuentra el descarado discurso de las grandes empresas armamentísticas estadounidenses, que han incrementado sus ventas en 261.300 millones de libras esterlinas desde principios de año, logrando una ganancia neta de casi 1.400 millones de libras esterlinas, cifra que esperan aumentar aún más durante el próximo trimestre.
El suministro de armamento ruso al frente militar ha sido prioritario, por lo que, durante la Cumbre, los líderes acordaron incrementar los fondos en muchos millones, a sabiendas de que están en juego los intereses típicos de las potencias imperialistas, entre los que se encuentran la defensa y la garantía de la región amenazada por la guerra en Ucrania. La reunión de la OTAN buscó ocultar los verdaderos intereses interimperialistas en torno a la redistribución de vastas áreas geográficas del planeta, para lo cual proponen aumentar el personal militar de 100.000 a 300.000, de los cuales 100.000 serían de Estados Unidos.
Con la incorporación de Suecia y Finlandia a la OTAN, queda claro que, en última instancia, su interés radica en rodear a su ahora declarado principal enemigo, Rusia, en una carrera armamentística innegable que, hipócritamente, intentan ocultar bajo un falso orden internacional, pues en realidad les interesa la guerra, no la paz. La Cumbre forma parte del juego del bloque imperialista en el marco de la lucha entre potencias, donde han colocado a Rusia y China como sus principales adversarios.
La Cumbre de la OTAN ha determinado políticas de cooperación militar en beneficio del capital financiero mundial, por encima de la pobreza que azota al mundo entero. Todo esto evidencia el carácter de la Organización del Atlántico Norte como instrumento al servicio de los intereses imperialistas. La crisis del mundo capitalista solo puede resolverse mediante la unidad de los pueblos del mundo en la búsqueda de un nuevo orden internacional que favorezca a los pobres y explotados.
