2023, un año de desaceleración e incertidumbre para los colombianos.

16 – 23 minutos

Por el Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista Marxista-Leninista de Colombia. 31 de marzo de 2023.

Introducción:

A todos los lectores y analistas que siguen los acontecimientos internacionales a través de esta revista, les presentamos estas líneas que resumen las principales consideraciones de nuestro partido ante esta situación, los retos y las tareas de los marxistas-leninistas en Colombia. Las opiniones aquí expuestas son fruto de un gran esfuerzo político e ideológico por mantener la unidad y el fortalecimiento de nuestro partido frente a la lucha de clases, un diálogo permanente con los trabajadores y las comunidades, el funcionamiento interno, la lucha ideológica y el debate político-partidista.

Sin duda, vivimos momentos políticos complejos que marcan cambios importantes en los acontecimientos nacionales e internacionales; profundizar en esta y en toda la dinámica de la lucha de clases en el mundo siempre será un esfuerzo importante que contribuirá a mejorar la estrategia y las tácticas de nuestros partidos y organizaciones marxista-leninistas.

Con estas reflexiones esperamos contribuir a este esfuerzo colectivo por mantener el rumbo y la lucha por la transformación social, seguros de que sus críticas y aportaciones contribuirán a fortalecer nuestro trabajo.

I. Las principales características de la situación internacional

Al analizar la situación internacional, un primer elemento a destacar es la aguda exacerbación de las contradicciones sociales que caracterizan al mundo actual. Esto refleja la profunda crisis que atraviesa el sistema capitalista, su constante debilitamiento, descomposición y agonía. Sin duda, el mundo se encamina hacia una perspectiva de mayores conflictos y rupturas que hacen inevitable la revolución.

La extrema agudización de las contradicciones en el seno del imperialismo, los permanentes enfrentamientos entre las potencias imperialistas que han dado lugar a la acumulación de guerras que se promueven hoy en día; la lucha de los pueblos contra los dictados y la subyugación de los países imperialistas; la lucha que surge en los países que dependen de miles de trabajadores y personas de los más diversos sectores sociales para su bienestar, derechos y libertades, amenazados en algunos casos y restringidos en otros por burgueses e imperialistas de distinta índole, configuran un panorama muy complejo de constante inestabilidad y desequilibrio, en el que se agravan los enfrentamientos y se presagian rupturas en la cadena imperialista.

La guerra, la multipolaridad y el “nuevo orden mundial”

La lucha interimperialista por la supremacía y el control de los países y del universo se manifiesta a través de formas cada vez más agresivas, de terror y violencia. No es un secreto que la guerra en Ucrania se ha intensificado y que muchos países se ven cada vez más involucrados en este conflicto. Existen tensiones entre Estados Unidos y China por los ejercicios militares de ambas potencias en el Océano Pacífico y por el reconocimiento estadounidense de Taiwán como nación independiente. Otros focos de guerra se mantienen avivados, como en Oriente Medio, el norte y centro de África, Pakistán, Venezuela, etc. Todo esto se suma a las crecientes disputas comerciales, tecnológicas y energéticas, evidenciando el peligro y el inminente estallido de una nueva conflagración mundial.

También resulta evidente que la división del bando imperialista en dos grandes bloques no es homogénea, por supuesto, en cuanto a que actúan según su conveniencia, pero sí están unidos en la defensa de sus intereses particulares. Los bloques imperialistas opuestos están liderados, por un lado, por Estados Unidos y otras potencias occidentales, y por otro por Rusia, China e India. Debido a sus intereses de expansión y dominación, no se puede afirmar que las acciones de uno u otro bando defiendan la soberanía de un país o salven a la humanidad, como algunos sostienen; por el contrario, expresan la voracidad y el carácter antidemocrático, sangriento y criminal del imperialismo.

Es evidente que el peligro de una guerra mundial crece y se ve alimentado permanentemente por la escalada de la confrontación militar entre los bloques, la profundización y propagación de las guerras comerciales, así como por el apoyo a uno o varios bloques. Sin embargo, resulta alarmante el colapso de la gobernanza mundial, la globalización y el multilateralismo, que se predican y defienden repetidamente en los distintos escenarios internacionales. Sin duda, vivimos en una época en la que la lucha por la hegemonía y la dominación mundial incrementa el número de acuerdos comerciales y políticos entre países, y con ellos, la asunción o defensa de ciertas normas, organizaciones e instituciones. El orden mundial, por lo tanto, está experimentando cambios importantes que deben seguir analizándose, pues tras la fragmentación que sufren los mercados hoy en día y el proteccionismo promovido por cada bloque, se esconden nuevas dinámicas que caracterizan la gobernanza, la dominación y la subyugación de pueblos y naciones.

Dada la dinámica de la multipolaridad, cabe mencionar también las mayores tensiones existentes en organismos como las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad, la Organización Mundial del Comercio y, en general, las distintas organizaciones interestatales. Por lo tanto, no es infrecuente que en muchas de ellas se observen cambios, y que algunas, como la Corte Penal Internacional, participen directamente en la disputa a favor de uno u otro bloque.

Sin embargo, teniendo en cuenta que la lucha por el control y la explotación de materias primas y recursos naturales, puertos, mares y zonas estratégicas seguirá marcando la disputa interimperialista, no podemos ignorar que la interdependencia y la existencia de un mercado global exigen acuerdos mínimos entre los propios imperialistas para garantizar la tasa de beneficio y la hegemonía alcanzadas. Por ejemplo, las criptomonedas, el papel de los bancos centrales, los tipos de interés, el precio de las materias primas, la seguridad bancaria, el cuidado y mantenimiento de ciertas zonas del planeta, la movilidad de las empresas y el uso de armas nucleares, entre otros, son cuestiones en las que la misma confrontación exige la adopción de regulaciones.

Desaceleración, inflación y reducción del empleo

En este sentido, destacamos la desaceleración que caracteriza a la economía mundial debido al aumento de las tasas de interés, el incremento de la inflación, la guerra en Ucrania y las disputas entre monopolios que existen actualmente en los distintos continentes. Al consultar el sitio web del FMI, observamos que los presupuestos de crecimiento de la economía mundial pasarán de 3,41 TP3T en 2022 a 2,91 TP3T en 2023. Las expectativas de dicho crecimiento se sustentan en el aumento de la productividad, los avances tecnológicos, la disminución de los precios de la energía, la creación de empleo y la recuperación de China tras el levantamiento de las restricciones sanitarias.

En cuanto al fenómeno inflacionario que se observa actualmente en la mayoría de los países, cabe mencionar como factores determinantes las perturbaciones en el suministro derivadas de la competencia entre monopolios, el aumento de los precios de la energía, principalmente en Europa, que hoy están sujetos a los precios y otros elementos de la política petrolera, gasística y energética de Estados Unidos. También influyen el incremento del gasto público en materia militar (el auge de la carrera armamentística), así como los causados por el cambio climático, terremotos, huracanes, etc.

El fenómeno es tan grave que las mismas estadísticas del FMI1 Los datos muestran que la inflación mundial alcanzó los 8,81 TP3T en 2022 (el promedio mundial). Con las medidas adoptadas por los bancos centrales, se espera que la inflación global disminuya a 6,61 TP3T en 2023 y a 4,31 TP3T en 2024. En los primeros meses de 2023, La inflación global se mantuvo en 8%, con una ligera reducción observada en las llamadas economías desarrolladas (de 6,7 a 6,6%) y un aumento de magnitud similar en las economías emergentes (de 9,0 a 9,1%).

Las políticas adoptadas por la Reserva Federal y la mayoría de los bancos centrales en respuesta a este fenómeno inflacionario se han limitado al aumento de los tipos de interés, lo que ha provocado una fuerte reducción del gasto de los consumidores y de la inversión empresarial, una caída del crédito y una desaceleración económica (la actividad manufacturera y de servicios en la mayoría de los países de Europa y en China ha disminuido significativamente).

Ahora bien, la política monetaria y antiinflacionaria que la Reserva Federal y la mayoría de los bancos centrales exhiben en distintos escenarios es una mentira y un engaño para la mayoría de los consumidores, ya que son organismos que guardan silencio y ocultan las verdaderas razones del aumento inflacionario que se arrastra desde hace varios años. En nuestra opinión, son responsables del incremento de la oferta monetaria y, por consiguiente, de la depreciación del valor de la moneda en circulación y, de hecho, del alza de los precios de bienes y servicios. Sin duda, manipulan las cifras para no mostrar que, en un contexto de débil crecimiento económico, estancamiento y desaceleración, el factor con mayor incidencia de la inflación reside en el aumento del gasto público (principalmente militar y servicio de la deuda), que, como es bien sabido, tiene su mayor respaldo en la emisión de moneda.

En este sentido, son los consumidores, y nunca los inversores y capitalistas, quienes asumen los costes de la inflación, creada principalmente por los estados imperialistas.

En términos de empleo, la OIT estima que el desempleo mundial aumentará ligeramente en 2023, afectando a tres millones de personas. Con ello, habría 208 millones de personas sin trabajo. Con la desaceleración económica, se crearán muy pocos puestos de trabajo nuevos; las estimaciones muestran un aumento de tan solo 0,91 TP3T para 2023. La flexibilización y la externalización que caracterizan el mercado laboral obligarán a muchos trabajadores a aceptar empleos de menor cualificación, con salarios bajos y, a menudo, con jornadas insuficientes. Con la reducción de los ingresos en un contexto de mayor inflación, muchos trabajadores corren el riesgo de agravar la pobreza. Como ha señalado la OIT, resulta preocupante que los escenarios registrados en materia laboral con la pandemia de la COVID-19 se mantengan e incluso tiendan a empeorar.

Esta situación se ve agravada por el creciente peso de la deuda externa, el aumento de los déficits fiscales, los efectos desastrosos de las fórmulas neoliberales impuestas por el FMI a los países dependientes, así como por el cambio climático, que desde hace varios años está reconfigurando el funcionamiento económico y social de los diferentes países.

De este modo, podemos afirmar que el estancamiento y la desaceleración económica, el aumento del desempleo, la inflación (el fenómeno de la estanflación ya es visible en muchos países, incluidos los EE. UU.) y la pobreza alertan sobre la proximidad de un nuevo ciclo de recesión, que golpeará duramente a las economías y afectará el nivel de vida de miles de habitantes del planeta.

Crisis financiera

Esta incertidumbre aumenta con la crisis del sistema bancario, que se manifiesta estos días con la quiebra de varios bancos en Estados Unidos, Suiza y Alemania. Según los analistas, esto podría generar un efecto dominó en todo el sistema financiero, poniendo a la economía mundial en una situación muy delicada.

Dado que la intervención estatal es la única alternativa que se baraja para salir de la crisis, el rescate bancario no se ha hecho esperar. En Estados Unidos, la Reserva Federal acudió al rescate, primero del Silicon Valley Bank, luego del Signature Bank y ahora de un tercero, el First Republic Bank. El rescate del banco suizo Credit Suisse se produjo mediante su adquisición por parte del UBS Bank. En Alemania, el desplome del valor de las acciones del Deutsche Bank hasta los 8.531 TP3T en la bolsa de Frankfurt, tras el fuerte aumento del coste de los seguros contra el riesgo de impago, se ha mitigado con el reembolso anticipado de $1.500 millones de dólares en bonos Tier 2 (deuda subordinada Tier 2 a tipo fijo) con vencimiento en 2028.

Aunque las autoridades monetarias afirman que no existen vulnerabilidades que pongan en peligro su actividad, ni en lo que respecta a la rentabilidad, como en el caso de Credit Suisse, ni en lo que respecta a los préstamos subprime, como en el caso de los bancos regionales estadounidenses, La salud del sistema está siendo cuestionada.. Lo cierto es que el valor de los principales bancos sigue cayendo. Al cierre, el índice Euro Stoxx 600 del sector bancario registró un descenso de 2,53%, con Sydbank a la cabeza con una caída de 10,88%, seguido por el escandinavo Nordea, que también bajó 8,4%.

En Estados Unidos, se observa la transferencia de depósitos de bancos pequeños, considerados de riesgo, a bancos mucho más grandes, potencialmente más seguros. El monto transferido en la última semana de marzo fue de 1.400 millones de dólares. Si consideramos que los fondos de depósito garantizados pagan la misma cantidad por el seguro de riesgo, independientemente del nombre y tamaño de la entidad (100.000 euros en Europa y 250.000 dólares en EE. UU.), hipotéticamente podríamos asegurar que, mediante la absorción de los bancos más pequeños, los grandes bancos tendrían mayor capacidad de apalancamiento para afrontar la próxima crisis financiera.

El crecimiento de la lucha popular

En medio de este complejo contexto, un rayo de esperanza ilumina el camino de miles de hombres y mujeres que buscan una alternativa a la guerra y al capitalismo moribundo: protestas sociales, huelgas, movilizaciones y luchas cobran mayor fuerza en distintos rincones del planeta. Las banderas de la democracia, la libertad, los derechos, el bienestar, el trabajo, la ecología, el medio ambiente y la protección del planeta ondean con vigor, abriendo paso a procesos de unidad y lucha que, como en otras ocasiones, ponen de relieve el papel de la clase trabajadora como protagonista histórica del cambio.

En América Latina, el levantamiento de las masas ha logrado importantes victorias y espacios; en países como Chile, Bolivia, Argentina, Brasil, Perú, Colombia y Venezuela, las protestas y luchas de los trabajadores y las masas populares han posibilitado la victoria y la llegada al poder de las fuerzas democráticas. Ahora, a pesar de las limitaciones ideológicas y programáticas de cada una de estas experiencias, todas apuntan a la posibilidad de la victoria, del cambio y, con ello, a la apertura de un nuevo amanecer para los trabajadores y los pueblos.

El progresismo ha liderado estos procesos, convirtiéndose en la fuerza principal. Las distintas fuerzas de la izquierda, los revolucionarios y los comunistas han resistido una fuerte y criminal ofensiva ideológica, política y militar que busca su aislamiento y eliminación política. Los resultados, si bien varían según el país, en general se aprecian valiosos avances cuantitativos y cualitativos. Estos avances resaltan principalmente un arduo proceso de reorganización y arraigo social que fortalece la unidad, el rol y el protagonismo político de las diferentes fuerzas alternativas.

II. Detalles de la situación nacional

Colombia: un reflejo de las tendencias internacionales

En el examen de la situación económica del país, Un primer aspecto a destacar es lo preocupantes que resultan para el país, y especialmente para los trabajadores, los graves problemas de declive económico, la inflación galopante, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, el aumento del trabajo informal, el desempleo y la reducción de los ingresos.


Proyecciones del PIB para América Latina
Los países con mayor inflación en América Latina

Desde esta perspectiva de la economía colombiana, los graves problemas del país siguen evidenciando los resultados negativos de la supervisión y las imposiciones del FMI, que convierten a Colombia en uno de los países más desiguales del planeta y del continente, con el inmenso reto de superar, además de la desigualdad y la pobreza, el atraso y la dependencia que lo caracterizan.

También preocupan cuestiones como el aumento de la deuda externa, el déficit fiscal y los problemas ambientales, que desde hace tiempo constituyen un problema importante para los colombianos.

En asuntos sociales, La crisis social que sufre la mayoría de los colombianos no es un asunto menor; existen muchos motivos para permanecer insatisfechos e inseguros, dado el aumento de impuestos, multas y otras crecientes sanciones monetarias, las altas tasas de interés, la devaluación de la moneda, las elevadas tarifas de los servicios públicos, el alto costo de los alimentos para una familia, la falta de agua potable, el deterioro de las carreteras y los constantes deslizamientos de tierra. En general, hay innumerables problemas por superar, que evidencian una vez más el abandono histórico del Estado, los altos niveles de corrupción y la falta de infraestructura social en un país también azotado por la guerra y las violaciones de los derechos humanos.

En asuntos políticos, La crisis no es algo menor y no se puede superar con la llegada de Petro al gobierno; esta situación se explica claramente por el descontento, la presión social y la demanda de cambio de la mayoría de la población colombiana, incluso si un candidato democrático ha ganado la presidencia.

Tras nueve meses de mandato, el nivel de popularidad, aceptación y reconocimiento del nuevo gobierno es claro y favorable, si bien se ve empañado por las grandes limitaciones y dificultades que afronta para llevar a cabo el programa democrático de gobierno y las reformas democráticas por las que votó la mayoría y que no cejará en sus demandas.

Además de no contar con la mayoría en el Congreso, el enfoque errático hacia la reconciliación, el acuerdo y la unidad nacional, sin diferenciar entre los intereses y estrategias en conflicto, ha reducido la posibilidad, el apoyo y la legitimidad política de algunos sectores políticos y sociales que respaldaron a Petro desde el inicio de su candidatura. Aunque parezca increíble, el nuevo gobierno ha convocado a un consenso, un pacto y un acuerdo nacional entre todos los sectores que buscan promover y respaldar las reformas y políticas logradas mediante el consenso o el acuerdo con las organizaciones y partidos tradicionales, llamados así porque tradicionalmente han dirigido el país en favor de la oligarquía y el imperialismo.

Las crecientes demandas sociales dependen, por lo tanto, de los acuerdos y alianzas que el gobierno pueda concretar en la formulación, presentación y aprobación de las reformas y políticas que proponga. No es la primera vez que se pone a prueba este tipo de fórmula en el país; por lo tanto, no es difícil señalar que cualquier programa, política o reforma que se proponga no solo corre el riesgo de socavar su contenido, sino también de fracasar, ya que su aprobación depende de despertar y aunar los intereses y el apoyo de quienes constituyen la mayoría en un lugar determinado, en este caso, el Congreso de la República.

Por lo tanto, lo que apruebe el Congreso de la República no será el programa de gobierno que la ciudadanía votó, ni las reformas democráticas. El Congreso está integrado por una mayoría que representa a las organizaciones económicas, multinacionales y grupos de poder que tradicionalmente han gobernado Colombia. Una paz total no se logrará si se mantienen las reglas (directrices y normas) impuestas por el imperialismo en estos temas. Una reconciliación y un acuerdo nacional son imposibles sin una propuesta para el país que alivie la pobreza, la violencia y la antidemocracia que hemos padecido durante años; cualquier otra cosa sería renunciar al cambio y defender el statu quo, lo cual, a nuestro juicio, sería lo más grave.

Si el gobierno no corrige su enfoque [de ganarse el respaldo de la mayoría en el Congreso], el apoyo político de los sectores democráticos y de izquierda a este gobierno se verá reducido, al no proporcionar respuestas claras y concretas al empeoramiento de la crisis económica, el aumento de la injusticia y la desigualdad social, protegidos por la orientación neoliberal y fascista que el estado burgués ha defendido durante décadas.

Cabe destacar, en este sentido, que todas las fuerzas y organizaciones de nuestro partido trabajaron intensamente, junto con muchas otras fuerzas y organizaciones democráticas, para lograr la victoria de Petro. Como presidente de la república, apoyamos y colaboramos con su gobierno al máximo, pero no ocultamos sus grandes limitaciones y debilidades. Nuestra independencia y autonomía, los intereses proletarios y populares que defendemos, exigen que manifiestemos con qué estamos de acuerdo y con qué no.

Se observa una creciente lucha interna en todo el sistema; los sectores oligárquicos buscan mantener su rentabilidad sin incurrir en pérdidas, así como el control y la dirección del Estado y del país en general. Utilizarán cualquier obstáculo, golpe de Estado y cierre de espacios para los sectores democráticos, alternativos y de izquierda que existen actualmente en el gobierno y que también trabajan por la victoria de reformas que alivien la difícil situación que padece la mayoría de los colombianos en materia de derechos, libertades y condiciones de vida.

Reconociendo los esfuerzos y los altibajos que conlleva, luchamos por incrementar las victorias democráticas, conscientes de que no somos inmunes a la derrota. Por lo tanto, no descartamos la posibilidad de que, en medio de ella, nos veamos obligados a hacer una pausa, modificando nuestra postura hacia el gobierno de Gustavo Petro. Esperamos que este gobierno se mantenga dentro del campo popular y democrático y no se deje alinear con las políticas burguesas y neoliberales que tanto ha criticado.

Princesal Riesgos para Colombia en 2023

III. Nuestros desafíos y tareas más importantes

Continuamos la lucha por fortalecer el partido desde una perspectiva de clase y con una apuesta transformadora. Esto significa que nuestro principal esfuerzo en este periodo sigue enfocado en fortalecer el partido marxista-leninista con una visión de poder para el proletariado y el pueblo colombiano. Somos una organización comprometida con las transformaciones económicas, sociales, políticas y culturales que la mayoría nacional enarbola como su bandera; luchamos por la defensa e independencia de la patria, su autodeterminación y liberación del yugo imperialista, principalmente del imperialismo estadounidense.

Como parte del movimiento comunista internacional, trabajamos para aprovechar al máximo las condiciones objetivas e incrementar los factores subjetivos determinantes para el cambio social y la construcción de la nueva sociedad socialista. Nos esforzamos por la unidad y la centralización de las organizaciones que luchan contra el imperialismo, por la autodeterminación y por el futuro socialista de nuestros pueblos.

Somos luchadores decididos por la unidad de los trabajadores, campesinos y sectores populares; enarbolamos sus banderas y reivindicaciones. Buscamos un gran movimiento político y de masas para la defensa de la vida, el trabajo, los derechos y las libertades del pueblo. Luchamos por un gobierno democrático que, junto con el pueblo, trabaje y luche por la democracia, y que no dude en convocar una Asamblea Nacional Constituyente para la aprobación de un nuevo marco constitucional y democrático para la república.

Manifestamos nuestro apoyo al gobierno de Gustavo Petro, a su programa de gobierno y a sus propuestas de reforma democrática. Continuaremos junto al pueblo impulsando la movilización y la lucha popular en defensa del gobierno y sus propuestas, buscando, además de un salto cualitativo en su contenido, el logro del equilibrio de fuerzas necesario para su aprobación y materialización.

Participaremos activamente en las elecciones regionales convocadas para el 27 de octubre, promoviendo y apoyando a los candidatos comprometidos con el pueblo, sus ideales democráticos y la construcción de un poder local que fortalezca la soberanía, la participación y el bienestar popular.






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