El partido nacionalista de derecha Fidesz de Viktor Orbán ha sido derrotado. Ha sido reemplazado por Péter Magyar, un hombre que pertenece al mismo bando político que su predecesor, pero que difiere de él en un tema crucial.
Trabajo del futuro| 17 de abril de 2026 Traducido para el Fénix Rojo por Misha G.–

Los 16 años de poder de Viktor Orbán como primer ministro de extrema derecha de Hungría llegaron a su fin el 12 de abril, cuando perdió las elecciones ante Péter Magyar. Se ha hablado mucho de esto, pero ¿es realmente un "regreso a la democracia"?
Magyar fue miembro del sistema de Orbán durante mucho tiempo antes de romper con el partido hace aproximadamente dos años. Hoy lidera la oposición, centrada en el partido Tisza, considerado un partido político emergente y "renegado". Sin embargo, el partido Tisza representa menos un cambio de rumbo fundamental que una desviación dentro del mismo espectro nacionalista de derecha.
En cuestiones clave de política interna, Magyar se mantiene fiel a la línea de Orbán. Esto es especialmente cierto en lo que respecta a la política migratoria, que es prácticamente idéntica. Orbán, quien ha descrito a los migrantes como un “veneno”, incluso ha sido criticado por el partido Tisza por permitir una migración laboral excesiva.
¿Cuál es la diferencia, entonces? La diferencia crucial radica en la política exterior: Magyar se posiciona mucho más cerca de la UE y se distancia de la postura prorrusa de Orbán. Por ejemplo, apoya el préstamo de la UE de unos 90.000 millones de euros para financiar a Ucrania, pero subraya que Hungría no debería contribuir. Al mismo tiempo, aboga por aumentar la presión sobre Rusia y, en especial, sobre Vladimir Putin.
Este reajuste de la política exterior es la verdadera razón de la valoración positiva que le hacen muchos de los principales medios de comunicación occidentales. De hecho, según ellos, Hungría ha vuelto a la "democracia" y a los "valores occidentales". "El domingo de las elecciones en Hungría fue un buen día para la democracia liberal en Europa", escribe el periódico alemán. Handelsblatt!
En realidad, no se trata tanto de una ruptura política fundamental como de un desvío de una línea que se había convertido en un factor cada vez más perturbador para las fuerzas dirigentes dentro de la UE. Por supuesto, todos los miembros de la UE deben alinearse estrictamente con los intereses imperialistas de los países dominantes en la Unión.

Sin embargo, el éxito de Magyar no puede explicarse únicamente por su postura en política exterior. La histórica participación electoral, cercana al 80%, así como el resultado —52,1% para Tisza frente al 39,5% para Fidesz— demuestran que una clara mayoría de la población deseaba un cambio.
El factor decisivo en esta gran participación electoral es, principalmente, la situación económica, caracterizada por una alta inflación, bajos salarios, un sistema sanitario deficiente y una élite corrupta que se enriquece mientras amplios sectores de la clase trabajadora sufren una creciente presión económica. Si bien Hungría experimentó un fuerte crecimiento económico entre 2013 y 2020, esto se debió en gran medida a que Hungría ofrecía condiciones de inversión y explotación muy favorables para las corporaciones imperialistas de Europa Occidental, en particular la industria automotriz alemana. Sin embargo, la pandemia y la posterior crisis derivada de la guerra en Ucrania provocaron un importante retroceso. El resultado fue un notable empobrecimiento de amplios sectores de la clase trabajadora y la población rural.
Si bien la corrupción de la élite de Orbán se toleró a regañadientes durante los períodos de relativo crecimiento, se convirtió cada vez más en un problema central para amplios sectores de la población bajo las condiciones sociales cada vez más difíciles. Precisamente ahí es donde Magyar centró sus esfuerzos: sus promesas en la lucha contra la corrupción calaron hondo en la sociedad. Al mismo tiempo, la dirección de Tisza evitó deliberadamente presentarse como excesivamente prooccidental y enfatizó la UE principalmente para resolver problemas financieros, más que ideológicos. Magyar también evitó conscientemente abordar temas como los derechos LGBTQ para no alienar a los votantes conservadores. Durante la campaña electoral, retrató a Orbán como alguien desconectado de la realidad, como alguien que había perdido el contacto con los húngaros "reales", mientras que él mismo prometió centrarse en sus intereses.
Orbán, por su parte, contó con el apoyo de aliados populistas de derecha como Donald Trump y Alice Weidel. Al mismo tiempo, se posicionó claramente del lado de Rusia en el conflicto de Ucrania. Magyar replicó que esta confrontación en política exterior estaba perjudicando económicamente a Hungría y privándola de fondos de la UE que necesitaba con urgencia, mientras que la élite de Orbán se enriquecía y controlaba instituciones clave como los medios de comunicación y el poder judicial.
Tisza anunció planes para “liberar” la economía mediante reformas orientadas al mercado y para centrarse más en el desarrollo nacional. Además, prometió medidas sociales que se financiarían con fondos de la UE que habían sido congelados recientemente. Resulta evidente que esto no bastará para mejorar notablemente la situación social.
A pesar de toda esta propaganda, ya se vislumbran similitudes entre Orbán y Magyar. Además de la persistencia de una política migratoria racista, existen claros indicios de adhesión a las leyes antisindicales y contrarias a los trabajadores introducidas bajo el gobierno de Fidesz, el partido de Orbán. Las decisiones de personal también apuntan en esta dirección: con István Kapitány (exejecutivo de Shell) y Anita Orbán (exasesora de la exportadora estadounidense de gas natural licuado Cheniere), Tisza se apoya en "expertos" afines a los intereses empresariales. Lo asombroso es que esta estrategia se presenta como una ruptura con el amiguismo anterior. Sin embargo, se trata simplemente de nuevos lobistas cercanos al capitalismo que defenderán los intereses de los capitalistas y planificarán nuevas medidas antiobreras.
Reacciones en Alemania
En Alemania, el resultado electoral fue recibido mayoritariamente de forma positiva. El populista de derecha Friedrich Merz habló de una derrota para el populismo de derecha y expresó su alivio. Al mismo tiempo, hizo hincapié en la supuesta resistencia de las sociedades democráticas a la influencia y la propaganda rusas. Lars Klingbeil expresó una opinión similar, interpretando el resultado como una victoria para la democracia y Europa, y a la vez como una derrota para Vladimir Putin.
El apoyo también provino de sectores de la izquierda. Martin Schirdewan celebró la derrota de Orbán, mientras que Elif Eralp, la principal candidata del Partido de la Izquierda en Berlín, ¡incluso utilizó el resultado electoral para su propia campaña! “¡El futuro puede cambiar! Metrópolis como Berlín y Budapest deben convertirse en centros de sociedad civil, diversidad y solidaridad”, escribió Eralp en Instagram.
Sin embargo, estas interpretaciones no reflejan el equilibrio de poder real en el parlamento húngaro. Incluso después de las elecciones, los partidos de derecha dominan el parlamento: 139 de los 199 escaños corresponden a Tisza, 55 a Fidesz y otros seis al movimiento de extrema derecha “Nuestra Patria”. Por lo tanto, no hay indicios de una ruptura política fundamental.
Incluso la referencia a Rusia es, en el mejor de los casos, solo la mitad de la historia. Si bien Rusia pierde un aliado importante dentro de la UE con la salida de Orbán, las elecciones en Hungría también marcan una clara derrota para el imperialismo estadounidense. La importancia del poder continuo de Orbán para el imperialismo estadounidense se demuestra por el hecho de que el vicepresidente de Trump, JD Vance, viajó a Hungría específicamente para apoyar la campaña de Orbán. En su documento más reciente sobre Estrategia de seguridad de Estados Unidos, La administración Trump identificó explícitamente la fragmentación de la UE como un objetivo deseado. Un elemento central de esta estrategia fue apoyarse en fuerzas populistas de derecha y críticas con la UE en Europa del Este. Y la más importante de estas fuerzas fue el partido Fidesz de Orbán. Simultáneamente con el distanciamiento de muchos países de Europa Occidental pertenecientes a la UE tras el acuerdo nuclear con Irán —sobre todo España, pero también, en menor medida, Francia, Gran Bretaña e incluso Italia—, Estados Unidos también está perdiendo terreno en el continente europeo.
El principal beneficiario de las elecciones es, por lo tanto, la UE, liderada por las potencias imperialistas de Europa Occidental, Alemania y Francia. Con la salida de Orbán, desaparece un gobierno considerado una fuerza disruptiva clave, reemplazado por uno que prioriza el acercamiento a la UE. Sin embargo, aún está por verse el alcance de este cambio de política, sobre todo porque Tisza ha mantenido, en el pasado, posturas similares a las de Fidesz en ciertos temas. Magyar intentará aprovechar la cuestión de Ucrania para maniobrar políticamente y respaldar las políticas de la UE, siempre que el precio sea el adecuado.
Estrategia de la UE y dinámicas de poder cambiantes
Las elecciones evidencian simultáneamente la debilidad de la izquierda húngara y la profunda crisis de la clase trabajadora del país. Una fuerza política independiente de la clase trabajadora prácticamente no tuvo cabida. En cambio, muchas de las fuerzas restantes, y en algunos casos marginales, se subordinaron al objetivo de derrocar a Orbán.
En Bruselas, centro de la UE, los resultados electorales se analizan estratégicamente. Ursula von der Leyen quiere aprovechar el impulso político para impulsar una reforma clave: abandonar el principio de unanimidad en la UE y adoptar el de mayoría cualificada. Un proyecto largamente perseguido por el imperialismo alemán para aumentar su poder en la UE, en particular, podría cobrar así nuevo impulso.
Esto alteraría aún más el equilibrio de poder dentro de la UE, alejándolo de la capacidad de los Estados miembros para bloquear decisiones clave y acercándolo a estructuras de toma de decisiones más centralizadas, en favor de una Europa bajo el liderazgo alemán. Por lo tanto, el resultado de las elecciones en Hungría no debe interpretarse únicamente como un acontecimiento nacional, sino como parte de un debate más amplio sobre el futuro de la Unión Europea.
