“Ante la creciente represión”: Declaración del Partido Comunista de España (Marxista-Leninista) sobre los acontecimientos en Cataluña.

5 – 7 minutos

Pceml

Traducido por el equipo de Red Phoenix.

El Gobierno de Rajoy ha cumplido con creces sus amenazas, poniendo en marcha toda su maquinaria represiva en cuanto la Generalitat de Catalunya formalizó su convocatoria de referéndum para el 1 de octubre. Como ya se ha anunciado, no se ha producido una suspensión formal de la autonomía catalana ni la intervención militar contemplada en la Constitución monárquica. Pero no cabe duda de que el Gobierno ha manipulado, a su conveniencia, lo que el Partido Popular (PP) entiende por “legalidad”, imponiendo un estado de emergencia de facto y vulnerando los derechos formalmente reconocidos sobre el papel: se trata de la “fuerza del Estado de derecho” franquista, a la que se suele recurrir cuando surge un conflicto político.

Funcionarios amenazados, sitios web cerrados, publicaciones incautadas, agresiones, actos y manifestaciones suspendidos por la policía, material político confiscado, más de setecientos alcaldes perseguidos, cientos de policías trasladados a Cataluña para buscar “pruebas” y reprimir a los ciudadanos, un Tribunal Constitucional que actúa como un simple brazo del Ejecutivo, la Fiscalía que amenaza con detenciones que no son de su competencia… Ese es el panorama que hoy envuelve a Cataluña y a toda España: la amenaza de un fascismo resurgido que (aunque nunca se fue del todo) en el restablecimiento de facto del delito de “propaganda ilegal” y que ha tenido a su defensor más vívido en un exultante PP catalán, que baila y silba de éxtasis el anuncio de la incautación de cien mil carteles políticos. Nuestros camaradas, los que sufrieron prisión y tortura por lo que también fueron delitos bajo la “legalidad” fascista, saben perfectamente lo que esto significa.

No se oponen al Gobierno, sino todo lo contrario: se aferran cínicamente a la defensa de su “legalidad”. La misma “legalidad” que el Partido Popular viola con impunidad o interpreta a su antojo tantas veces como le conviene. Esto se demuestra con sus más de 1300 propuestas; pero, sobre todo, con la reforma expresa del artículo 135 de la Constitución, que obliga al pago de la deuda pública; la inserción de España en la estructura militar de la OTAN (en contra del resultado del referéndum de 1986); los acuerdos secretos con Estados Unidos y, ahora, con Arabia Saudí… Por no mencionar los derechos sociales incluidos en la Constitución monárquica para que parezca democrática, que son sistemáticamente ignorados.

Por otro lado, la burguesía nacionalista catalana apela a la solidaridad de los pueblos de España, pero sabe que sin un cambio radical, una ruptura con el régimen del 78 que contribuyó a instaurar, es imposible ejercer el derecho a la autodeterminación. Sin embargo, durante todos esos años (la última vez en 2012, cuando los diputados de la CIU apoyaron las brutales reformas de Rajoy, incluida la reforma laboral) ha respaldado a un régimen que en tiempos de crisis siempre ha mostrado su verdadera cara reaccionaria. ¿Acaso sorprende que la mayoría de los trabajadores consideren esto una apuesta política entre dos burguesías ajenas a los intereses y las necesidades más profundas del pueblo?

No hay vuelta atrás: tras las leyes mordaza, los partidarios de Rajoy han encontrado en Cataluña el pretexto para dar un nuevo giro al proceso de degradación de los derechos democráticos y la fascismoización del Estado. Si el Gobierno es incapaz de buscar una solución política es porque no quiere —para seguir oprimiendo a las clases populares, pues es el brazo ejecutivo de los intereses de la oligarquía—, ni se lo permite el marco del 78. El 1 de octubre quedará al descubierto la verdadera naturaleza del Estado burgués, que en situaciones de profunda crisis se deshace de su vestimenta democrática para mostrarse como el instrumento desnudo de la dominación de una clase sobre las demás. Demuestra también que, como hemos afirmado repetidamente los comunistas, el régimen monárquico del 78 es irreformable, una barrera para los derechos democráticos y sociales y una prisión para los pueblos.

Por este motivo, el referéndum sobre la autodeterminación en Cataluña (más que sobre una posible independencia) puede ser un punto de inflexión que ponga en entredicho el Estado monárquico. Puede ser así, a pesar de que la avalancha de algunos separatistas destacados —que se consideraban “desconectados” de España incluso antes del referéndum— le dé a todo el proceso un cierto tinte de ópera cómica; independientemente del resultado de la votación, si es que es positivo; y puede ser así porque ha logrado revitalizar el amplio y dinámico movimiento popular que le dio su impulso inicial.

Partiendo de esta base, cabe destacar la lamentable actuación de la “izquierda” española, que, como siempre, se comporta como la fiel oposición de Su Majestad. Que en una cuestión de principios, como el derecho a la autodeterminación de los pueblos, los “líderes” de la “izquierda tradicional” opten por ceder, escudándose en formalidades, ya es un problema grave; pero que exijan un “referéndum condicional” bajo el régimen monárquico es indigno y humillante. El problema no es técnico, sino ideológico y político: sencillamente, carecen de un programa alternativo al régimen del 78. Como quedó demostrado en 2014, en un momento de lucha popular, cuando eludieron pronunciarse claramente a favor de la República en medio de la anunciada abdicación del rey Borbón. Ahora vuelve a quedar patente esa misma falta de respuesta, cuando el Estado se aferra a una ley que es letra muerta para justificar su escalada represiva.

Que una inmensa mayoría de catalanes desee ejercer su legítimo derecho a la autodeterminación, sea “legal” o no, es indudable, al igual que intentarán, como mínimo, ponerlo en práctica el 1 de octubre. No es tarea de los revolucionarios, por supuesto, examinar los aspectos técnicos del asunto, del mismo modo que la lucha por los derechos democráticos y contra el fascismo no es exclusivamente responsabilidad del pueblo catalán.

Lo que ahora debemos hacer, por tanto, es emplear todas nuestras energías para profundizar la debilidad política del Estado monárquico, para impulsar una ruptura con la podredumbre heredada del régimen franquista. Esta es una tarea que involucra a toda España, y que se concreta en apoyar sin distinción el derecho de los catalanes a decidir su futuro; combatir la coerción y la vulneración de derechos; denunciar la manifiesta incapacidad del Estado para afrontar los problemas cruciales de nuestros pueblos y nuestra clase; y promover un amplio frente antifascista y republicano, que impulse la ruptura con el régimen a partir de una respuesta general a la ola represiva del PP, independientemente del resultado del referéndum.

Estas son las tareas que pedimos a todas las personas y organizaciones que se consideran de izquierda que desarrollen conjuntamente.

Madrid, 19 de septiembre de 2017

Partido Comunista de España (Marxista-Leninista). Comité Ejecutivo.






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