
Un editorial del Partido Comunista Marxista-Leninista de Venezuela (PCMLV). Traducido del español por Camilo Lazo para Red Phoenix.

En esta edición queremos abordar un problema de actualidad, de gran interés para el movimiento comunista internacional y nacional. Queremos comenzar señalando que, desde la llegada de las ideas marxistas a Venezuela alrededor de la década de 1920, con los primeros intentos de construir un Partido del proletariado, se han producido enfrentamientos en torno a la estrategia y las tácticas a seguir.
Esta lucha ideológica entre tendencias ha dado lugar, desde aquel tiempo lejano, a la existencia de varias tácticas y no solo una, como pretenden hacer creer los revisionistas, que siempre ha tenido legalidad y patrocinio en el Estado, y que ellos asumen que es la única forma de existencia para quienes pretenden ser los representantes de los comunistas de Venezuela.
Desde 1928, con las acciones lideradas por Pío Tamayo, representante de la Internacional Comunista, la diferencia ha radicado entre quienes trabajaban para construir un Partido con el incipiente proletariado y el campesinado nacional y quienes consideraban seguir la estela de la burguesía democrática mediante invasiones y aventuras de caudillos.
Tras analizar el proceso histórico inicial, debemos ahora abordar la situación actual a nivel mundial para comprender el contexto de lo que está ocurriendo, que sin duda se manifiesta en una agudización de las contradicciones fundamentales de la época. Este debe ser el primer elemento a considerar para abordar la situación actual y definir la táctica revolucionaria adecuada, ya sea desde una perspectiva nacional o internacional, puesto que, como hemos analizado en varias ocasiones, tomando como referencia algunas obras de los clásicos del marxismo-leninismo y la Internacional Comunista, vivimos en la fase superior del capitalismo, denominada imperialismo por Lenin. El imperialismo no se limita al expansionismo militar de una nación, sino que se define por la presencia de rasgos fundamentales como: la imposición de monopolios, el dominio del capital financiero, la exportación de capital, la lucha por la distribución de los mercados y una nueva distribución del mundo ya distribuido.
A partir de estas definiciones, podemos orientarnos sobre bases sólidas para definir lo que sucede en el mundo, qué países cumplen con estas características y cuáles pueden definirse como imperialistas, en contraposición a la definición de países dependientes, que son las dos principales categorías marxista-leninistas con las que se ubican las naciones en el mundo actual: naciones imperialistas y naciones dependientes.
Partiendo de estas definiciones, conociendo las características del imperialismo y la actual lucha entre dos grandes bloques a nivel internacional, podemos evaluar con firmeza el problema nacional:
Definimos al país (Venezuela) como capitalista dependiente, históricamente sometido a la dominación de potencias europeas y estadounidenses, por lo que entendemos, sin ninguna duda, que romper la opresión imperialista es la tarea primordial para avanzar hacia la liberación nacional y el socialismo.
También es importante dejar clara la composición heterogénea del proceso bolivariano, en el que luchan diversas tendencias, algunas democráticas y de base revolucionaria, otras corruptas y autoritarias, pero en general obligadas a concertar acuerdos o alianzas entre sí y con las fuerzas populares para hacer frente al enemigo común.
La principal oposición al proceso bolivariano, y la más peligrosa debido a sus vínculos globales, está liderada por el imperialismo yanqui y sus títeres, quienes, aunque nacieron en territorio venezolano, como Guaidó, María Corina Machado o Lorenzo Mendoza, son sus representantes directos y, por lo tanto, nuestros enemigos inmediatos.
Después de evaluar todos estos elementos, podemos ubicarnos más claramente en la situación actual, donde el TSJ (Tribunal Supremo de Justicia, la máxima autoridad del poder judicial –Ed..) ha entregado la administración de la tarjeta del gallo rojo al ex Secretario General del estado de Táchira, luego de la solicitud de protección constitucional, que nos plantea, desde la perspectiva táctica, la existencia de tres líneas:
1. La línea de los marxistas-leninistas de Venezuela se asienta firmemente sobre las premisas de la lucha antiimperialista por la democracia popular y el socialismo, con una política revolucionaria que entiende la legalidad burguesa como algo secundario y lucha principalmente por la legitimidad entre las masas, asumiendo la unidad del movimiento revolucionario en el Frente Popular. Esta línea se enfoca en desarrollar la lucha de clases contra los representantes de la burguesía, junto con la clase obrera, el campesinado y las comunas revolucionarias, aprovechando las fisuras de la democracia burguesa para consolidar un vínculo con las amplias masas, una vía para avanzar hacia la liberación nacional y el socialismo, aplicando una política de apoyo crítico con demandas frente a un proceso bolivariano, de carácter democrático burgués, atacado por el bloque imperialista de EE. UU. y la UE.
2. La línea de reformistas que en todo momento han visto al Partido como un instrumento para negociar cuotas de poder y, incluso en tiempos de ardua lucha armada en nuestro país y en el mundo, ya han sido clasificados como traidores en la OLAS (Organización de Solidaridad Latinoamericana) por haber puesto la negociación de su legalidad electoral con los gobiernos de derecha pro-yanquis a cambio de abandonar su propia base campesina y guerrillera. Esta política oportunista los llevó a apoyar al reaccionario Rafael Caldera y ahora a dejarse como defensores de la representante más rancia de la burguesía pro-yanquis: María Corina Machado, pasando del apoyo incondicional a oposición al proceso bolivariano En una lucha por obtener dádivas, que luego lleva a coincidir con la derecha indígena más reaccionaria, la misma línea se desvió de la Bandera Roja.
3. La línea revisionista que en la práctica niega el Partido independiente del proletariado y se mueve tras los partidos socialdemócratas, se disuelve en ellos y asume su liderazgo. En realidad, los revisionistas aplican apoyo incondicional y ahora toman legalmente el control de la tarjeta del gallo en una expresión de la lucha entre elementos del antiguo partido, favorecidos por la institucionalidad del Estado.
El movimiento revolucionario de Venezuela se mueve en estas tres opciones principales. De estas, sin duda, apoyo crítico con demandas Es la que, desde el punto de vista teórico y práctico, representa a los verdaderos comunistas marxistas-leninistas de Venezuela. Las demás representan el oportunismo y a los oportunistas pequeñoburgueses cuyas tácticas se basan en la negociación y la lucha por privilegios.
