Comité Coordinador de la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxistas-Leninistas (CIPOML) | 25 de enero de 2026—

La Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxistas-Leninistas (CIPOML) reitera firmemente su enérgica condena a la agresión cometida por el imperialismo estadounidense contra Venezuela y su pueblo.
El CIPOML hace un llamamiento a las organizaciones revolucionarias, a la clase trabajadora y a los pueblos del mundo para que extraigan las experiencias y lecciones necesarias de estos trágicos acontecimientos, cuyas consecuencias aún se están desarrollando.
Venezuela en el marco de las contradicciones interimperialistas
Este acto terrorista revela, ante todo, la profundización del carácter agresivo, expansionista y depredador del imperialismo estadounidense, inscrito en una estrategia definida por sus élites gobernantes para sostener su hegemonía global, recuperar áreas de influencia perdidas con el tiempo y expandirse a nuevas zonas del mundo. Esta orientación se formula en el Estrategia de Seguridad Nacional 2025, publicado por el gobierno estadounidense a finales del año pasado.
Siguiendo esa misma lógica de agresión imperialista, el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, así como el asesinato de un centenar de hombres y mujeres —entre ellos civiles—, constituye un acto de bandidaje internacional que viola flagrantemente el derecho internacional y representa un ataque directo a la independencia y soberanía de Venezuela. Nada puede justificar una acción de esta naturaleza por parte del gobierno de Donald Trump, que merece únicamente el más enérgico repudio y la condena solidaria de los trabajadores y los pueblos del mundo.
El ataque estadounidense contra Venezuela y los acontecimientos actuales no pueden comprenderse plenamente a menos que se analicen dentro del marco de las crecientes luchas y contradicciones interimperialistas que, por ejemplo, tienen como uno de sus puntos críticos la guerra en Ucrania, en la que participan principalmente Rusia, Estados Unidos y las potencias europeas.
¿Puede separarse el ataque estadounidense contra Venezuela —seguido inmediatamente de incentivos para que los monopolios petroleros inviertan y produzcan en el país— del hecho de que, hasta hace poco, China absorbía más de la mitad del petróleo venezolano exportado y era su principal socio comercial? ¿Es posible ignorar que China ha otorgado préstamos a Venezuela por más de 70 mil millones de dólares, consolidándose como su principal garante financiero?
¿Se puede ignorar que este vínculo con China ha sido un elemento esencial del mecanismo energético venezolano, con Pekín como principal comprador de petróleo crudo y socio estratégico en financiación y comercio?
¿Puede entenderse la amenaza estadounidense contra Panamá sin vincularla a la cesión del control de importantes puertos conectados al Canal —estructuralmente decisivos desde un punto de vista comercial y militar— al capital chino, en un contexto de competencia por la influencia geoeconómica?
¿Pueden explicarse los ataques, las sanciones y las presiones contra Irán sin tener en cuenta el flujo de petróleo hacia China, las estrechas alianzas de Teherán con Pekín y Moscú, y la relevancia de esos vínculos para la rivalidad global entre los bloques de poder?
Y, por último, ¿pueden entenderse las amenazas de Estados Unidos contra Dinamarca por Groenlandia —una región rica en tierras raras y otros recursos críticos con implicaciones directas para la Unión Europea y las cadenas de suministro de semiconductores— sin situarlas en el centro de la disputa imperialista por los recursos estratégicos, la presencia geopolítica y el control tecnológico frente a China y los imperialistas europeos?
El declive del imperialismo estadounidense y el ascenso de China como potencia que desafía la hegemonía de Estados Unidos tienen un fuerte impacto en el desarrollo de las contradicciones interimperialistas. China se ha convertido en el principal acreedor, inversor extranjero y socio comercial en todos los continentes, incluida América Latina, relegando a Estados Unidos a un segundo plano. Los productos industriales chinos inundan prácticamente todos los países, mientras que el dólar pierde progresivamente su papel como moneda internacional dominante. Con Trump, el imperialismo estadounidense optó por una política de fuerza para frenar su declive y bloquear el ascenso de China.
Aunque Estados Unidos sigue siendo la principal potencia económica mundial, enfrenta crecientes dificultades para hacer frente a sus rivales estratégicos y contenerlos. Su gasto militar, por sí solo, supera el de los siguientes nueve países juntos. Amparado por esta abrumadora superioridad militar, el imperialismo estadounidense busca desplazar y debilitar a sus competidores en regiones ricas en petróleo, minerales y otras materias primas estratégicas, donde han consolidado inversiones y expandido sus lazos comerciales. En este contexto, intenta forzar a su principal rival, China, a aceptar una relación de subordinación o a precipitar una confrontación temprana que aún no está en condiciones de ganar.
El silencio ante la agresión estadounidense no solo agravaría las dificultades de sus rivales en los ámbitos de la energía, las materias primas, la inversión y el comercio, sino que también erosionaría la credibilidad de gobiernos como los de Venezuela e Irán, con los que afirman mantener “buenas relaciones”. Esta pasividad, lejos de contenerla, solo estimularía aún más la agresividad del imperialismo estadounidense.
La intensificación de la agresión imperialista estadounidense está provocando, al mismo tiempo, una agudización de las contradicciones entre los pueblos oprimidos y los países dependientes frente al imperialismo, así como contradicciones de clase entre la burguesía y la clase trabajadora, en la medida en que cada una adopta posiciones claramente diferenciadas con respecto a los acontecimientos en curso.
La nueva ofensiva imperialista
La CIPOML advierte que los renovados intentos de las potencias imperialistas —encabezados por el imperialismo estadounidense— de volver a dividir el mundo en zonas de control, dominación y explotación conllevan peligros gravísimos para los trabajadores, los pueblos y las naciones. Este proceso constituye una ofensiva diseñada para aplastar las luchas de los pueblos por su liberación social y nacional, y agrava el riesgo de una nueva guerra imperialista.
Junto con la agresión militar y política, la ofensiva imperialista está activando proyectos políticos abiertamente fascistas y neofascistas que están ganando influencia a escala global.
Imperialismo, guerra y engaño
Los pueblos del mundo confirman, una vez más y a través de dolorosas experiencias, que cuando las potencias imperialistas hablan de paz, en realidad se preparan para nuevos escenarios de guerra y agresión. Estas maniobras buscan someter a pueblos y naciones, saquear sus recursos y aumentar las ganancias del complejo militar-industrial imperialista.
Ningún país imperialista —más allá del engaño de fingir apoyo con fines tácticos— acudirá en ayuda de las luchas populares por la democracia, la libertad y la verdadera independencia. A pesar del agravamiento de sus contradicciones y conflictos internos, las potencias imperialistas siempre logran llegar a acuerdos cuando se trata de salvaguardar los intereses del gran capital y sabotear las luchas por la liberación nacional y social.
Las tareas de la clase trabajadora y de los pueblos
En este complejo escenario, en el que se pone de manifiesto una vez más la histórica incapacidad de la burguesía en la lucha contra el imperialismo, el CIPOML subraya una vez más que la única fuerza capaz de frustrar la agresión imperialista es la lucha organizada de los pueblos, bajo la dirección de la clase obrera, por un orden democrático de liberación social y nacional con perspectiva socialista.
Es urgente fortalecer la unidad con las fuerzas sociales y políticas interesadas en hacer frente al imperialismo; trabajar por el desarrollo de un amplio frente global antiimperialista y antifascista; impulsar la lucha contra la guerra, por la paz y la solidaridad internacional de los pueblos; y contra la violencia generada por el sistema imperante.
La unificación y movilización de todas las fuerzas y sectores democráticos, tanto a nivel nacional como internacional, constituye una tarea de primer orden.
Hoy, la condena de la agresión estadounidense y la solidaridad con los trabajadores y el pueblo de Venezuela adquieren una importancia especial.
¡No a la intervención imperialista en Venezuela!
¡Viva la lucha de los trabajadores y del pueblo venezolano por su liberación social y nacional!
