El golpe de Estado en Honduras: ¿Es Obama inocente?

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Por Michael Parenti

¿Es inocente el presidente Obama de los sucesos ocurridos en Honduras, en concreto del golpe de Estado perpetrado por las fuerzas armadas hondureñas que culminó con el secuestro y la deportación forzosa del presidente democráticamente electo Manuel Zelaya? Obama ha condenado el golpe y exigido que se respeten las normas democráticas. Sin embargo, persisten varias inquietantes preguntas.

Primero, Casi todos los altos mandos militares hondureños que participaron en el golpe son graduados de la Escuela de las Américas del Pentágono (conocida por muchos como la "Escuela de los Asesinos"). El ejército hondureño es entrenado, asesorado, equipado, adoctrinado y financiado por el aparato de seguridad nacional de Estados Unidos. Los generales jamás se habrían atrevido a actuar sin el consentimiento tácito de la Casa Blanca, el Pentágono y la CIA.

Segundo, Si Obama no estuvo directamente involucrado, entonces se le debería culpar por no tener un control firme sobre los agentes estadounidenses que sí lo estuvieron. El ejército estadounidense debió haber estado al tanto del complot, y la inteligencia militar estadounidense debió haberlo sabido y haberlo reportado a Washington. ¿Por qué los colaboradores de Obama que se comunicaron con los líderes del golpe no los denunciaron? ¿Por qué no expusieron ni denunciaron el complot, frustrando así posiblemente toda la operación? En cambio, Estados Unidos guardó silencio al respecto, un silencio que, de hecho, aunque no fuera intencional, constituyó un acto de complicidad.

Tercero, Inmediatamente después del golpe, Obama declaró que estaba en contra de usar la violencia para lograr el cambio y que correspondía a las distintas partes en Honduras resolver sus diferencias. Sus declaraciones fueron una respuesta bastante tibia y discreta a un golpe de Estado orquestado por la mafia.

Cuatro, Obama jamás imaginó que el golpe de Estado en Honduras desataría una indignación tan grande. Se sumó apresuradamente a las protestas contra los golpistas solo cuando se hizo evidente que la oposición era prácticamente universal en toda América Latina y en el resto del mundo.

Quinto, Obama aún no se ha pronunciado sobre los muchos otros actos de represión que acompañaron al golpe de Estado perpetrado por militares y policías hondureños: secuestros, palizas, desapariciones, ataques contra manifestantes, el cierre de internet y la supresión de los pocos medios de comunicación críticos que existen en Honduras.

Sexto, Como me recordó James Petras, Obama se ha negado a reunirse con el presidente Zelaya. Le desagrada Zelaya principalmente por su estrecha e inesperada relación con Hugo Chávez de Venezuela. Y debido a sus esfuerzos reformistas e igualitarios, Zelaya es odiado por los oligarcas hondureños, los mismos oligarcas que durante muchos años han estado cerca de los artífices del imperio estadounidense y han recibido sus generosos servicios.

Séptimo, Según una ley aprobada por el Congreso de Estados Unidos, cualquier gobierno democrático víctima de un golpe militar no puede recibir ayuda militar ni económica estadounidense. Obama aún no ha suspendido la ayuda económica y militar a Honduras, como le exige esta ley. Este es quizás el dato más revelador sobre de qué lado está. (Su Secretaria de Estado, Hillary Clinton, es aún peor. Se niega a calificarlo de golpe de Estado y afirma que hay dos versiones de esta historia).

Como presidente, Obama cuenta con una influencia considerable y recursos inmensos que bien podrían haber frustrado los planes de los perpetradores y que quizás aún podrían utilizarse contra ellos con resultados efectivos. Por ahora, parece más inclinado a actuar desde dentro que a adoptar una postura abiertamente democrática. En el caso de Honduras, está haciendo demasiado poco y demasiado tarde, como suele ocurrir con muchas otras cosas que hace.

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