Declaración Política de la Reunión de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas de América Latina y el Caribe

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En el curso del cumplimiento de sus actividades y obligaciones revolucionarias, la Conferencia Regional Latinoamericana y Caribeña de la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas (CIMLPO) se ha reunido con el propósito de evaluar el trabajo que estamos realizando en cada uno de nuestros países, analizar la situación económica, política y social de esta región y definir nuestras acciones y tareas.

Hemos mantenido un debate franco, crítico y autocrítico que nos ha permitido profundizar en la comprensión de los fenómenos políticos y sociales que aguardan una solución revolucionaria, y reforzar la unidad ideológica y política entre nuestras organizaciones.

Con base en los principios marxista-leninistas y las sistematizaciones contenidas en los Documentos y Resoluciones de la ICMLPO, actuamos en un mundo donde se manifiestan claramente las contradicciones fundamentales de la época. Estas son: la contradicción entre trabajo y capital, que se manifiesta en el enfrentamiento entre la clase obrera y la burguesía; la contradicción entre los pueblos y naciones oprimidos y el imperialismo; las contradicciones entre las burguesías, entre los monopolios y entre los imperialismos; y la contradicción entre socialismo y capitalismo.

Tras un periodo en el que el imperialismo estadounidense perdió terreno en esta región, que siempre ha considerado su “patio trasero”, hoy intenta recuperarlo enfrentándose a China, Rusia y la Unión Europea, que han expandido sus inversiones e intereses, sobre todo desde principios de este siglo. El imperialismo estadounidense se ha orientado a recuperar un papel más destacado a nivel mundial, para lo cual ha definido la política del “americanismo”, que busca “poner a Estados Unidos primero”. En cuanto a Latinoamérica, retoma la llamada Doctrina Monroe, resumida en la frase “Estados Unidos para los estadounidenses”.”

Con esa orientación, la administración Trump presiona y chantajea a sus aliados, amenazando con debilitarlos mediante acuerdos económicos y militares, profundizando una política xenófoba y antiinmigratoria, alimentando el discurso y las acciones belicistas e iniciando una guerra comercial que puede tener graves consecuencias no solo para los países directamente involucrados, sino para todo el planeta debido al impacto global de sus actores. No cabe duda de que en la Casa Blanca predomina un grupo con posturas ultrarreaccionarias y profascistas.

Observamos que se está produciendo un cambio en el equilibrio de fuerzas sociales y políticas en la región, y tras el fracaso de los llamados gobiernos progresistas, la derecha neoliberal está asumiendo posiciones en el ejercicio del poder gubernamental. La debacle de esos regímenes no significa el fracaso de la revolución y el socialismo, ni de las organizaciones de la izquierda revolucionaria, porque no estaban en el poder, como afirman la burguesía y el imperialismo en su sistemática campaña anticomunista. Lo que ha fracasado ha sido el reformismo, la socialdemocracia y el oportunismo, incapaces de satisfacer las necesidades del pueblo, por lo que, tras años de expectativas y esperanzas, el pueblo les dio la espalda. La debilidad de las fuerzas revolucionarias ha impedido que los trabajadores y los pueblos vean en la izquierda revolucionaria una opción real de poder proletario y popular que pusiera fin a la dependencia y la explotación.

Debido al deterioro de las condiciones de vida de las masas y su empobrecimiento, la búsqueda de cambio persiste en la acción de los trabajadores, jóvenes, mujeres y pueblos en general, lo cual se expresa en el desarrollo y auge de la lucha de las masas por sus reivindicaciones materiales y derechos políticos, que se manifiesta, de diversas maneras según su nivel, en prácticamente todos los países. Esto también se observa en los resultados electorales, como en México, donde el pueblo votó para sancionar a quienes tradicionalmente han estado en el poder; y en Colombia, donde una opción democrática obtuvo un número de votos sin precedentes en ese país. En ambos países, la búsqueda de cambio, el repudio a la corrupción y la violencia estatal se manifiesta entre amplios sectores de la población.

Nosotros, los comunistas marxistas-leninistas, tenemos la obligación de ponernos a la vanguardia de la lucha de los trabajadores y del pueblo en todas partes, incluso en aquellos países donde existen gobiernos autoproclamados progresistas y de izquierda. El discurso promovido por el oportunismo, que afirma que la lucha de las masas está al servicio del imperialismo y de conspiraciones internas en esos supuestos procesos revolucionarios que en realidad no existen, no nos permite dar la espalda a la lucha de las masas; al contrario, nos obliga a profundizar nuestra relación con ellas y con su educación política bajo los principios de la independencia de clase.

Expresamos nuestra solidaridad con la lucha del pueblo nicaragüense, que se enfrenta a un gobierno que nada tiene que ver con las fuerzas que propiciaron el triunfo de la revolución sandinista en 1979. Allí se libra una justa lucha contra las políticas del FMI aplicadas por Ortega y Murillo. Debido al descontento popular, esta lucha ha adquirido tintes políticos. En el marco de las contradicciones interburguesas, sectores de la derecha y del imperialismo estadounidense trabajan para canalizar este descontento hacia sus intereses y ajustar cuentas con Ortega, lo cual rechazamos.

Venezuela es también —y lo ha sido durante años— un punto crítico en la región, donde el intervencionismo estadounidense está desempeñando un papel importante. El país atraviesa una grave crisis económica, política y social, que evidencia la histórica incapacidad del reformismo, la socialdemocracia y el oportunismo para afrontar procesos revolucionarios, precisamente por su carácter burgués. Rechazamos la injerencia estadounidense; nos solidarizamos con los trabajadores y el pueblo venezolano que libran una lucha diaria por la subsistencia y que poco a poco van comprendiendo la responsabilidad del gobierno en esta situación. Brindamos nuestro pleno apoyo a los revolucionarios de ese país que buscan una solución revolucionaria a la crisis.

Ante las luchas del pueblo por el pan, la libertad, la democracia y la soberanía, siempre defenderemos su derecho a la autodeterminación. El destino de cada país reside en la lucha de los trabajadores y los pueblos; nadie tiene derecho a decidir por ellos.

El trabajo que realizamos en nuestros respectivos países nos permitirá cosechar nuevas victorias políticas, ampliar nuestras fuerzas y desarrollar nuestras acciones. Sin embargo, somos conscientes de que nuestras organizaciones deben redoblar sus esfuerzos para fortalecer sus filas, crecer y responder en mejores condiciones a los retos que exige la organización de la revolución social del proletariado. Por ello, nuestros principales esfuerzos deben centrarse en perfeccionar nuestro trabajo de masas, desarrollar las fuerzas de la revolución y fortalecer la vanguardia revolucionaria en cada país. Para ello, contamos con el respaldo del marxismo-leninismo, la experiencia acumulada del movimiento comunista internacional y el ímpetu revolucionario de los trabajadores, la juventud y nuestros pueblos.

Firmamos esta declaración inspirados por la celebración del 200 aniversario del nacimiento de Karl Marx, cuyo genio hizo posible brindar apoyo científico a la lucha de la clase obrera mundial por el socialismo y el comunismo.

Quito, julio de 2018

Partido Comunista Revolucionario – Bolivia

Partido Comunista Revolucionario – Brasil

Partido Comunista de Colombia (Marxista-Leninista)

Partido Comunista del Trabajo de la República Dominicana

Partido Comunista Marxista-Leninista de Ecuador

Partido Comunista de México (Marxista-Leninista)

Partido Comunista del Perú (Marxista-Leninista)

Organización Comunista Revolucionaria de Uruguay

Partido Comunista Marxista-Leninista de Venezuela






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