Partido Comunista Revolucionario de Bolivia: El pueblo boliviano se levanta en la lucha contra el populismo, el autoritarismo y la represión.

12 – 17 minutos

Presentación del Partido Comunista Revolucionario de Bolivia en el XXIII Seminario Internacional: Problemas de la Revolución en América Latina, Quito, julio de 2019.

Traducción de Red Star Publications.

“Si entregas el país / y hablas de soberanía / ¿quién dudará de que eres / una basura soberana? / No malgastes palabras conmigo / No cambies el significado, mira lo que quiero / Lo he dejado bien claro / No ensucies las palabras / No les quites su sabor / Y límpiate bien la boca / Si dices revolución.”

– Mario Benedetti

Bolivia es un país con una rica historia de luchas sociales contra todas las formas de dominación, explotación y opresión. El gobierno de Evo Morales, que asumió el cargo en 2006 con un apoyo popular abrumador, entró en conflicto con la oligarquía financiera y terrateniente durante sus primeros años de gobierno hasta la negociación de la nueva Constitución Política del Estado, que representa el inicio de acuerdos entre el MAS [Movimiento al Socialismo, partido de Morales – nota del traductory la oligarquía. Desde 2009, el Estado ha estado dirigiendo su aparato represivo contra los movimientos populares que protestan contra el modelo extractivo y defienden sus derechos colectivos. El giro a la derecha y la traición del MAS, si bien mantienen un discurso de izquierda, presentan un panorama político complejo en el que nosotros, los revolucionarios, debemos recuperar nuestras banderas históricas que nos han sido arrebatadas, debemos defender y promover la organización social independiente y construir una alternativa patriótica y popular.

Los primeros años del “proceso de cambio”

El gobierno de Evo Morales asumió el poder el 22 de enero de 2006, como resultado de la acumulación histórica de las fuerzas de agitación social y resistencia antineoliberal. El peligro potencial que representaba al momento de asumir el poder, debido a su origen popular, llevó a la polarización del país durante sus primeros años en el poder, entre la llamada "media luna" gobernada por la oposición de derecha y el gobierno central. En abril de 2006, se celebraron elecciones para la Asamblea Constituyente, en las que el MAS-IPSP [Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos] obtuvo una mayoría simple pero no los dos tercios necesarios para aprobar [cambios a la Constitución – nota del traductorLa Asamblea Constituyente se convirtió en foco de conflictos y, a pesar de haberse establecido en la ciudad de Sucre, fue trasladada a un cuartel militar en la ciudad de Oruro, donde en diciembre de 2007 aprobó la primera versión del texto constitucional. Esto fue resultado de acuerdos entre el MAS-IPSP, la ONU (Unidad Nacional) y otras organizaciones con representación regional. El texto fue posteriormente modificado por una comisión del Senado con la participación del MAS-IPSP y PODEMOS (Poder Socialdemócrata). Las negociaciones sobre el texto constitucional representaron, de hecho, el proceso de negociación entre el gobierno y la oligarquía financiera y terrateniente de la "media luna". La polarización con la "media luna" se caracterizó por su discurso racista y regionalista y alcanzó su máxima intensidad con los conflictos sociales de 2007-2008. El enfrentamiento del 11 de enero de 2007 en Cochabamba dejó tres muertos, la Calancha en Sucre entre el 24 y el 26 de noviembre de 2007 dejó tres muertos, y la Masacre de Porvenir el 11 de septiembre de 2008 dejó 19 muertos. Si bien la Constitución Política del Estado, aprobada por referéndum el 25 de enero de 2009 y promulgada el 7 de febrero de 2009, incluía un avance progresivo en materia de derechos sociales, su esencia radicaba en el respeto a la gran propiedad privada de los medios de producción, es decir, al sistema capitalista. Tras la aprobación de la nueva Constitución, el golpe final para obligar a los sectores más radicalizados de la oligarquía a llegar a un consenso con el gobierno nacional fue el cerco y posterior asalto del gobierno al Hotel Las Américas (16 de abril de 2009), que resultó en la muerte de tres supuestos sicarios internacionales contratados por grupos cívico-prefecturales para el asesinato del jefe de Estado. Desde la aprobación de la nueva Constitución, la oposición burguesa no ha logrado articular un proyecto político nacional. Esta falta de articulación no se debió únicamente a la incapacidad de sus operadores políticos, sino también a una escisión orgánica entre la burguesía extraparlamentaria y la oposición burguesa a nivel nacional. La burguesía aún conserva sus estructuras políticas en la administración municipal y departamental; sin embargo, no considera necesario enfrentarse al poder ejecutivo, puesto que sus intereses económicos están protegidos por el gobierno del MAS. Prueba de ello es el crecimiento sin precedentes de los sectores agroindustrial y bancario.

Nueva Constitución Política del Estado: Pacto del MAS con la Oligarquía

Las constantes represiones del gobierno del MAS-IPSP tras la aprobación de la nueva Constitución se han desatado contra los movimientos sociales; mencionaremos algunos de los principales. En 2010, el conflicto entre los residentes de Alto Beni y Caranavi por las promesas electorales de construir una planta procesadora de cítricos resultó en una brutal represión, con dos muertos y decenas de detenidos. En 2011, la represión policial contra los líderes de Mallku Khota (Potosí del Norte) resultó en el procesamiento penal del curaca [jefe indígena local – nota del traductor] de Sacaca. En septiembre del mismo año, tuvo lugar una de las represiones más emblemáticas del gobierno de Evo: mientras una marcha indígena en TIPNIS [Parque Nacional Seguro y Territorio Indígena Isiboro] avanzaba contra el proyecto vial, al menos 40 líderes fueron arrestados en Chaparina y al menos 70 manifestantes resultaron heridos. A fin de año, el gobierno aumentó el precio del petróleo, lo que provocó una ola de indignación y protestas. El gobierno se vio obligado a dar marcha atrás y cancelar la medida; sin embargo, el aumento en los precios del transporte público y otros artículos no se revirtió. En 2012, la represión en la alcaldía de Yapacaní que exigía la renuncia de un alcalde del MAS dejó tres muertos. Ese mismo año se estableció la Vigilia de Luchadores Sociales contra la impunidad, por la justicia y la memoria histórica, exigiendo reparación por la violencia estatal perpetrada desde las dictaduras militares; hasta el momento, la vigilia se ha mantenido con más de 25 activistas asesinados y sin lograr las reparaciones exigidas. La represión desatada por el gobierno para erradicar la coca en Apolo (octubre de 2013) con las Fuerzas de Tarea Conjuntas resultó en cuatro muertos, 30 heridos y 17 detenidos, con más de 100 niños refugiados en la iglesia. El año 2014 comenzó con la toma de las oficinas de la CONAMAQ (Consejo Nacional de Ayllus y Markas) y el intento de tomar las oficinas de la APDHB (Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia), en consonancia con la política de eliminar organizaciones sociales opositoras o críticas al partido gobernante. A fin de año, las elecciones dieron como resultado el tercer mandato presidencial de Evo Morales, con un apoyo electoral del 61.41%, controlando ambas cámaras del Congreso con más de dos tercios (tras anular las victorias electorales de dos candidatos de la oposición). Las elecciones locales y regionales de 2015, por otro lado, representaron un revés electoral para el partido gobernante, ya que la oposición ganó 8 de las 10 principales alcaldías del país.

El movimiento universitario marcó el año 2015 con conflictos surgidos en la UMSS (Universidad Mayor de San Simón) a raíz de la concesión de diplomas a docentes sin exámenes; esto derivó en la toma de la universidad y la formación de un Consejo Universitario Transitorio. La protesta se extendió a nivel nacional durante casi siete meses; la represión dejó trece heridos. El movimiento cívico de Potosí comenzó en julio de 2015 con demandas de mayor atención a su departamento; tras una prolongada huelga cívica, se inició la marcha hacia La Paz, que fue recibida con fuerte represión. En agosto del mismo año, el gobierno intervino en Captania Takovo Mora (Guaraní) ante las protestas contra la exploración petrolera; más de 18 personas fueron arrestadas. El año finalizó con el mayor escándalo de corrupción que enfrentó el gobierno del MAS, el FONDIOC (Fondo Indígena), que superó los 14.000 millones de pesos y en el que estuvieron involucrados más de 200 dirigentes gubernamentales.

En 2016, la enmienda propuesta al artículo 168 de la Constitución fue sometida a referéndum para permitir una segunda reelección presidencial; el 21 de febrero los votantes la rechazaron por 51,3%; esto fue una derrota para el gobierno en medio de CAMCE-Zapata [CAMC Engineering es una empresa contratista china – nota del traductorEscándalo de corrupción. La situación socioeconómica de las personas con discapacidad las llevó a realizar una serie de protestas que culminaron en una marcha nacional a La Paz y el establecimiento de vigilias que fueron reprimidas severamente. La quiebra y el cierre de ENATEX (Compañía Nacional Textil) debido a mala gestión económica dejó a cientos de trabajadores en la calle y provocó una protesta masiva en la fábrica, liderada por la COB (Confederación Nacional de Trabajadores de Bolivia). A principios de 2017, el personal docente urbano nacional encabezó una marcha nacional a La Paz, exigiendo mejores condiciones laborales y una mejor calidad de educación. Desde agosto de 2017, las protestas de la población de Achacachi contra su alcalde corrupto (afiliado al gobierno) fueron objeto de represión policial y persecución judicial. El controvertido Código Penal aprobado por el gobierno, que menoscababa los derechos de los profesionales, el derecho a la protesta y otros, provocó una fuerte movilización del sector salud junto con la COB; en estas protestas, el gobierno violó la autonomía universitaria, logró presionar a Morales y el Código Penal del MAS fue derogado por completo. Estas protestas, junto con la exigencia de respeto al referéndum del 21 de febrero, generaron un clima de movilizaciones en La Paz en pleno Rally Dakar y propiciaron la creación de espacios para la coordinación de las luchas, como la CONADE (Comité para la Defensa de la Democracia) y la Coordinadora Interinstitucional. La respuesta del gobierno fue convocar un Congreso del COB, con condiciones preestablecidas, para garantizar el control total de la mayor organización sindical del país. El rechazo popular se manifestó nuevamente en las elecciones judiciales de diciembre de 2017, con más de 661 votos en blanco y nulos, y más de 151 abstenciones.

En medio de las protestas por un mayor presupuesto universitario en mayo de 2018, las fuerzas policiales asesinaron a Jonathan Quispe, estudiante de la UPEA [Universidad Pública de El Alto], lo que desató una ola de intensas protestas en la sede del gobierno. La nueva Ley de la Coca provocó protestas de los cultivadores de coca de los Yungas, que dejaron tres muertos y el máximo dirigente de la ADEPCOCA [Asociación Departamental de Productores de Coca], Franklin Gutiérrez, arrestado. La Ley de Organizaciones Políticas, aprobada en septiembre de 2018, generó protestas del movimiento ciudadano debido a su carácter antidemocrático; estableció elecciones primarias obligatorias para los candidatos presidenciales, cuya primera aplicación a principios de 2019 fue un rotundo fracaso debido a la escasa participación. La juventud estudiantil irrumpió en la escena nacional con el rechazo a los intentos de intervención gubernamental en la FES [Federación de Estudiantes de Secundaria] en La Paz y buscó recuperar la independencia sindical y demostrar que la juventud no se limita a las expresiones serviles y vulgares que se encuentran en el MAS-IPSP. La propuesta de una nueva Ley de Artistas, junto con la actual Ley de Cine, son señales del intento de censura artística por parte del gobierno central debido a las limitaciones que imponen. A lo largo de su gobierno, Evo Morales ha manifestado su naturaleza sexista, misógina y homofóbica, basada en los comentarios denigrantes que el presidente realizaba en sus discursos; esto ha derivado en casos de altos funcionarios del gobierno, policías y militares que gozan de impunidad por sus actos de violencia doméstica, violación y feminicidio. En 2018, se registraron 111 feminicidios en el país, y no existe una política estatal efectiva para combatir la violencia de género. En los últimos 10 años en Bolivia, nadie ha sido condenado por crímenes de odio contra personas LGBT.

El gobierno de Evo Morales dio un giro significativo en su alineación política a nivel regional a principios de 2019 con la extradición del combatiente italiano Cesare Battisti, como un regalo para Bolsonaro al asumir el cargo. El acercamiento entre los gobiernos de Bolivia y Brasil, motivado por la necesidad de asegurar mercados para las exportaciones de gas, se evidenció en las declaraciones de Bolsonaro, quien condicionó el ingreso de Bolivia al Mercosur a su salida del Foro de São Paulo. El contexto político de 2019 se caracterizó por una intensa actividad electoral y la falta de organizaciones que unificaran las luchas sociales. La oposición electoral, en sus diversas formas, centró su discurso en la democracia, sin especificar la esencia ni las características de la democracia que buscaba. El imperialismo estadounidense, a través del Secretario General de la OEA, demostró su aprobación a la candidatura de Evo Morales a la reelección, ya que garantizaba la estabilidad de los intereses económicos de las empresas transnacionales.

Las “nacionalizaciones” realizadas por el gobierno fueron en realidad una compra de la mayoría de las acciones y la renegociación de contratos de servicios con empresas transnacionales. Ejemplos de esta práctica son la composición de las acciones de YPFB Andina (48,31 TP3T de sus acciones son propiedad de REPSOL [una petrolera española – nota del traductor]) y YPFB Transierra SA (21.49% de sus acciones son propiedad de REPSOL); existen contratos de servicios con empresas transnacionales como Shell, Matpetrol, Petrobras, Pluspetrol, Repsol E&P, Vintage Petroleum y Total E&P orientados a la exploración y explotación de hidrocarburos, incluso en parques nacionales y territorios indígenas. La estabilidad proporcionada por el gobierno de Evo Morales a sus "socios" transnacionales y acreedores internacionales, junto con los buenos precios de los hidrocarburos y minerales disfrutados al inicio del gobierno de Morales, permitieron los ingresos necesarios para las políticas de redistribución económica (bonos, etc.).

La minería privada a gran escala representa 63,61 TP3T del valor de la producción mineral del país, gracias a la presencia de grandes transnacionales como Glencore (Sinchi Wayra), Sumitomo (San Cristóbal), Manquiri y Pan American Silver. En la producción minera, 27,71 TP3T corresponden al sector cooperativo, cuya composición varía desde pequeños grupos de subsistencia hasta grandes cooperativas cuyos miembros contratan empleados sin derechos laborales mínimos y no cumplen con las obligaciones tributarias. La participación estatal en la producción minera es de tan solo 8,71 TP3T a través de COMIBOL.

Los elevados precios internacionales de las materias primas que beneficiaron al país durante los primeros años de la administración del MAS se despilfarraron sin haber industrializado el país. Ahora, para mantener el gasto público, debe recurrir a sus reservas internacionales (que han caído de 1.400 millones de dólares en 2014 a 1.400 millones en 2018) y al aumento de la deuda externa (que era de 1.400 millones de dólares en 2007 y supera los 1.400 millones en 2018).

El papel de los revolucionarios frente a la creciente represión.

Los revolucionarios debemos afrontar diversas situaciones políticas, con un conocimiento científico de las características de cada una, para poder adoptar siempre las tácticas correctas. La creciente represión que el gobierno del MAS ha desatado contra el movimiento popular desde la entrada en vigor de la nueva Constitución, junto con la mercantilización del movimiento popular y la persecución de las protestas, están obligando a las fuerzas de izquierda más sólidas del país a adoptar posiciones de resistencia y defensa de las libertades democráticas. La derecha tradicional ha tomado los resultados del referéndum del 21 de febrero como bandera de lucha (contra la reelección presidencial) y está intentando posicionarse con un discurso que gira en torno a la democracia en abstracto. Los comunistas bolivianos planteamos la necesidad de debatir el significado mismo de la democracia y su esencia de clase; consideramos que la dicotomía entre autoritarismo gubernamental y democracia liberal burguesa es falsa. Los bolivianos tenemos una rica experiencia en la organización democrática desde la base, como los consejos, la Asamblea Popular (1970-71) y la Coordinadora del Agua (2000), que apuntan hacia la construcción de una democracia popular. Debemos fortalecer las organizaciones sociales que mantienen su independencia frente al gobierno y promover el rescate de la Federación de Trabajadores de Bolivia al servicio de las luchas populares.

El discurso izquierdista del gobierno del MAS ha servido para desorientar al pueblo. El objetivo de los actos de homenaje organizados por el gobierno (50 años del Che Guevara, 100 años de la Revolución Rusa, 200 años de Marx, etc.) no es recuperar la esencia anticapitalista de estos hitos importantes, sino destruirla y convertirlos en fechas históricas vacías. El partido gobernante busca invisibilizar a las organizaciones políticas de izquierda, apropiarse del discurso “revolucionario”, de los términos y conceptos marxistas, y legitimarse en el ámbito internacional como supuestos “antiimperialistas”. Nos han robado a plena luz del día, nos han arrebatado nuestras palabras, nuestras consignas, nuestras banderas. Han mancillado las bellas, justas y nobles causas por las que hemos luchado durante siglos; les han quitado su esencia. No podemos permanecer callados y conformarnos; debemos reclamar lo que nos pertenece; debemos recuperarlo. Debemos demostrar que los marxistas-leninistas nos mantenemos firmes junto a nuestro pueblo en la lucha revolucionaria contra la farsa populista del gobierno en el poder, por una verdadera transformación de nuestro país, por las reivindicaciones democráticas, populares, antiimperialistas, antifascistas y antipatriarcales.






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