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Declaración del Partido Estadounidense del Trabajo sobre el asesinato de Troy Davis a manos del Estado.

2 – 3 minutos

Troy Davis ha muerto.

A pesar de las súplicas de muchos, a pesar de la abrumadora falta de pruebas en su caso, el sistema de "justicia" capitalista decidió que debía morir.

Al igual que una turba linchadora durante el apartheid estadounidense conocido como Jim Crow, el Estado ha sancionado el asesinato en nombre del castigo y el terror a una comunidad por supuestas transgresiones. Los sucesos de ayer no son simplemente un fallo del sistema ni un delito contra un solo individuo. Se trata de un crimen contra toda una comunidad considerada “criminal” por su color de piel y su clase social, y es totalmente intencional.

La “democracia” capitalista aparenta ser justa, equitativa e imparcial al aplicar sus castigos. La realidad dista mucho de serlo.

El capitalismo utiliza a su policía como representante en la lucha de clases. Su propósito, más que proteger a las personas o principios elevados y abstractos como la “justicia”, es proteger y perpetuar las injustas desigualdades sobre las que se asienta nuestra sociedad. En pocas palabras, son el ejército de los ricos, los defensores de su Estado. Son juez, jurado y verdugo en las calles cuando los trabajadores y los pobres no están conformes con su situación. El sistema depende de estos agentes para mantener la explotación cotidiana de la clase trabajadora.

Por esta razón, la represión estatal no puede permitirse ser cuestionada. En caso de que un policía sea asesinado, alguien —sea culpable o inocente— debe servir de ejemplo.

Troy Davis fue obligado a sufrir y morir no por un crimen que él hubiera cometido, ni siquiera por un crimen cometido por otra persona contra un agente de policía, sino para proteger el crimen cotidiano perpetrado por el capitalismo y sus agentes de represión.

El mensaje que transmite el cuerpo de Troy Davis es este: si alguien desafía el poder de la policía, cualquiera puede convertirse en blanco de una trampa y un asesinato.

Si algún lector aún alberga la ilusión de que la "justicia" es el fin último que persiguen las fuerzas policiales y los tribunales dentro del capitalismo, el ejemplo de Troy Davis es uno de los muchos que revelan lo ajena que es la "justicia" a los sistemas policiales y judiciales estadounidenses.

No hay justicia en un sistema que defiende la explotación con asesinatos patrocinados por el Estado.

No hay justicia en un sistema que apenas castiga a los delincuentes corporativos que destruyen la vida de millones de personas, pero que ejecuta a aquellos cuya culpabilidad está en duda.

En algunas de las últimas palabras que pronunció, Troy Davis pidió a quienes dejó atrás que continuaran su lucha.

Desde el Partido Laborista Estadounidense condenamos su asesinato, así como el terror que las fuerzas policiales y el sistema judicial infligen a diario a los trabajadores en todos los rincones de nuestro país.

Puede que Troy Davis ya no esté con nosotros, pero Troy Davis y muchísimas otras víctimas siguen vivas en nuestras mentes y corazones mientras luchamos contra un sistema de justicia penal fundado en la más absoluta injusticia.

No debemos flaquear en esta lucha, y no debemos olvidar el sacrificio de aquellos que hemos perdido a causa de la represión estatal del capitalismo.






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